—Está lo mismo.
—¿Aún dormís a la santimperie?
—Ya no; mi tía se opone desde que empezó el mal tiempo.
—¡Pobre pitusa!... ¡Y agora, si viene su padre tamién comalido!
—¡No sé si vendrá!...
—Ansí dicen que la tía Gertrudis os malface: ¿oístelo?
Mariflor se había serenado un poco.
—Eso es mentira—protestó.
—Yo nunca lo creí: ni es bruja ni prodigiadora... Será, si acaso, conjurante.
—Es una triste vieja como las demás.