La vieja parecía no escucharla, murmurando llorosa:

—¡Al cabo los años que non fice mal nenguno, me temen los vecinos como los rapaces al papón!...

Unos brazos nerviosos la levantaron de repente, y de un salto la posó Ramona junto a la enferma, ya reclinada en el regazo de Florinda:

—¡Dele remedio!... ¡Aplíquele talismán!—gimió de hinojos la madre, con las manos en cruz.

—¡Si non gasto sorterías, mujer!

Alguien aconsejaba:

—¡Dígale mas que sea una oración!

—¿Tién fístola?

—No lo sabemos...