—¿Cuántos años tiene?
—Cinco; pero está mayo y robusto.
—¡Pobre!, ¡dará lástima verle por esas llanadas!
—Más se fatiga Marinela.
—Sí; ya sé que está un poco débil. ¿Cómo la dejáis ir?
—Aquí se aborrece, se pone triste, llora... Y como tanto gusta de bordar y hacer labores finas, y la maestra la quiere mucho, madre consiente.
—Y el médico, ¿qué dice?
Olalla se encoge de hombros.
—Dice—murmura—que son males de la edad. Pero para mí la pobre está entrepechada.
—¿Cómo?