Y aquel hálito sonoro y maquinal, aquel firme latido de un industrioso corazón de acero, lleva extrañamente a las dos muchachas a escuchar el pulso acelerado de los propios corazones, buenos y juveniles, regados por una misma sangre generosa.

Alzase Olalla con ímpetu raro en su naturaleza esquiva y grave, y las dos mozas se miran en los ojos; los de Florinda, profundos, inquietantes, de color de miel y de café tostado, en vano provocan una confidencia trascendente con las aguas serenas y tristes de los ojos azules; pero el impulso cordial prevalece por debajo del vuelo de las almas y un pacto de amor se firma con el estallido de un largo beso.


V
VALDECRUCES

ALENTADA Mariflor después de tan gentil alianza, se despierta con alegres ánimos a las realidades de la vida y quiere verlo todo, registrar su nuevo albergue, asomarse a Valdecruces.

Aunque pone el pie con alguna medrosa inseguridad en el corredor oscuro, camina sonriente, como jugando «a la gallina ciega», palpando la pared con una mano y asiéndose con la otra al vestido de su prima.