VI
REALIDAD Y FANTASÍA

—A la rapaza forastera, ¿la nombráis Mariflor?

—Nombrámosla.

—Pues tengo para ella una carta aquí.

Reposadamente, desde su caballo roano, luengo de crines y hundido de lomos, abrió el hombruco la remendada valija, sacó un sobre y leyó en él con lentitud: «León.—Señorita Mariflor Salvadores.—Astorga.—Valdecruces.»

—Véla—murmuró, dándosela a Ramona.

Como ésta llamase a la interesada, el tío Fabián Alonso esperó que saliera, y, a la luz falleciente del ocaso, la miró de hito en hito así que ella pareció sobre el fondo oscuro del umbral.

—¡Guapa moza!—pronunció el viejo.

Se iba, rumbo adelante, cuando volvió de pronto para decir: