—¿Conociste «allá abajo» a Fermín Paz?
—¿El tío Fermín, pariente nuestro, que vive en La Coruña?
—Ese.
—Sí que le conozco.
—Es yerno mío.
—Sea por muchos años—replicó solícita Mariflor, rasgando el sobre con un alfiler—. Y el cartero hizo dar otra media vuelta a su cabalgadura, que desapareció cansina en el turbio horizonte del camino.
Ya en los dedos gentiles de la niña temblaba una esquela.
—¿Es de tu padre?—preguntó impaciente Ramona.
—Es—dijo la muchacha enrojeciendo al ver la firma—de un señor que venía con nosotras en el tren.