—Te enseñaré la carta: ya verás qué preciosa escritura.

—Tengo que hacer la lumbre—insiste la prima.

—Luego la leeremos callandito. Ahora mándame algo: a ver, ¿qué quieres que haga?

—No, mujer; necesitas alindarte para la misa mayor.

—Como tú; primero he de trabajar en cosa de fuste, que te sirva de alivio. ¿Qué hago? Dime.

Ante una insistencia tan ferviente, concede Olalla:

—Sube a cebar las palomas.

Y cuando Mariflor corre, satisfecha del mandato, la maragata rubia insinúa con tímidez:

—Hay que limpiar la palomina de los nidos, del suelo y las alcándaras...