—En cuanto vengan cuatro días estenos.
—Justamente.
—Creí que tenía en fuelga aquella hanegada—dice Rosicler.
—No; antaño estuvo.
Se despiden la vieja y la moza, en tanto que el zagal y Felipa, al borde de «la arada», murmuran a dúo:
—Condiós...
—Condiós...
Y al catar el sendero, con rumbo a Ñanazales, Florinda, muy curiosa, averigua:
—¿Cuántos años tiene esa mujer, abuela?