—Pero ¿de verdad iré yo?
—¡Vaya!... y si tú quieres no volveremos.
—¡Ah... no volver!
—¿Te gustaría?
—¡Muchísimo!... El aire me encanta.
—Es el esposo de la Luna, el padre del Rocío, el dios del Bien... ¡Y como tú eres también una diosa!...
—¡De la Tristeza!—interrumpe la niña con un mohín.
—¿No sabes que entre el Aire y la Noche engendraron todos los seres?
—Nada sabía.
—Hasta dicen que el alma es aire.