Lecio mascullaba:
—¡Claro que sí!
Y el más joven de todos, uno a quien llamaban el Estudiante, aprobó con la cabeza muy ensimismado.
Después de una pausa añadió colérico Julián:
—¡Lo que es «ése» no se la lleva!
—¡Qué se la ha de llevar, hombre!—prometió Lecio apretando los puños.
Y con acento de reproche murmuró Fidel:
—¡Si yo fuese Julián de Alcázar!...
—¿Qué harías?—preguntó huraño el aludido.