—Esas son bromas suyas.
—Bromas no eran: para contármelo se puso descolorido y hasta le dió un mareo...
Ángeles se aturde con las noticias de tan sorprendente amor, y muy curiosa, pregunta:
—Pero, ¿no sois novios?... ¿no os vais a casar?
—Eso no quita... Él dice que a usted la quiere «de otra manera»... Serán modos finos de querer que aprende con los señores... ¡como todos son unos en la misma ronda!...
Mirando la señorita con afecto a la compungida moza, le dice:
—¿Y tú has creído esas tonterías, Isabel?
Baja ella los ojos y explica difícilmente:
—Todo lo he creído... conozco que es de veras... pero lo mismo cortejamos: él no lo puede remediar... Como la señorita tiene ese ángel, todos la quieren aunque sea a escondidas... Usted no se ofenderá... ¡Si Lecio supiera que yo se lo he dicho!... ¡No se lo cuente a nadie, por la Virgen!