—Me acostaré en ese otro cuarto para que te arregles mejor con «estos huéspedes»; aquí te voy a estorbar...
Quería sonreir y mostraba una prisa tan inquieta por marcharse, que la mujer le detuvo pasmada.
—No entiendo lo que dices; se conoce que estoy medio dormida...
Manifestóse Andrés más impaciente al repetir:
—Que te dejaré mi sitio libre para tu comodidad.
—¿Y qué hago con el crío?
—Tú quisiste que le abriese la puerta...
—¡Claro! No íbamos a dejarle morir sin un socorro.
—Pues ahora «eso» es cosa tuya.