Él paga a Marcela en tal instante su larga deuda de gratitud, respondiendo con heroica generosidad:

—He salvado el tuyo.

—¿Al mío?—Nadie adivina el pánico de esta voz que repite:—¿Al mío?

Ronco y aciago el acento, Andrés confirma:

—¡A Serafín!

Y no comprende por qué Marcela da un grito desesperado y hondo, como la pobre madre del jayón...


X
EL DÍA DEL PERDÓN.—LOS PEREGRINOS.—ENTRE DOS ORILLAS.—ALMAS QUE SE BUSCAN.—REVELACIONES.—SOLA EN EL MUNDO.—SUEÑO DE ETERNIDAD.

La primavera vuelve, celosa, pujante, con todo el ciego impulso de la vida, y alumbra unas bellas horas apacibles, unas horas que a media tarde se pueblan de rumores de campanas, y ven llegar, por los hondos caminos de la vega, grupos de gente grave y silenciosa.