Cataluña.
Debía dar la mano a las operaciones de Aragón el ejército francés de Cataluña. Napoleón figurándose que dueño de Barcelona y Figueras lo era de la provincia, no creyó arriesgado sacar parte de las fuerzas que la ocupaban. Así ordenó que de aquel punto se enviasen socorros a Aragón y Valencia. Conformándose el general Duhesme con lo que se le mandaba, dispuso que 3800 hombres conducidos por el general Schwartz se dirigiesen a Zaragoza, y que 4200 a las órdenes de Chabran se apoderasen de Tarragona y Tortosa, continuando en seguida su marcha a Valencia. Los primeros debían al paso castigar a Manresa por su anterior levantamiento, quemar sus molinos de pólvora, e imponer al vecindario 750.000 francos de contribución. Ambas expediciones salieron de la capital el 4 de junio. La de Schwartz se detuvo en Martorell el 5 a causa de una abundante lluvia, con cuya feliz demora alcanzaron a tiempo a Igualada y Manresa los avisos de sus confidentes. La insurrección ya comenzada tomó incremento y extraordinario ensanche, tocose a somatén, se despacharon expresos a todas partes, y resolvieron aguardar al enemigo en la posición del Bruch y Casa-Masana.
Somatenes.
Es el somatén en Cataluña «un género de socorro, como dice Zurita, repentino y cierto que muchas veces ha sido de grande efecto.» Está conocido de tiempo inmemorial, teniendo que acudir al repique de la campana concejil todos los hombres aptos para las armas en las diversas veguerías o partidos, según lo dispone el usaje de Barcelona. Fue en este caso no menos provechoso que en otros antiguos y renombrados. Había pocas armas y municiones tan escasas, que careciendo de balas de fusil se cortaron las varillas de hierro de las cortinas para que supliesen la falta.
Acción del Bruch.
Los somatenes de Igualada y Manresa fueron los primeros que se prepararon, y al hijo de un mercader llamado Francisco Riera teníasele por principal caudillo. Apostáronse pues, y se escondieron entre los matorrales y arboleda de las alturas del Bruch. Apenas había pasado la columna francesa las casas que llevan el mismo nombre, y tomado la revuelta que forma el camino real antes de emparejar con el de Manresa, cuando fue detenida por el inesperado fuego de los encubiertos somatenes. Schwartz, después de un rato de espera, embistió a sus contrarios, replegáronse estos, y disputando el terreno a palmos se dividieron, unos yendo la vuelta de Igualada y otros la de Casa-Masana. Desalojados del último punto y teniéndose por perdidos, apriesa se retiraban, y completa hubiera sido su derrota a no haber afortunadamente Schwartz desistido de perseguirlos. Admirados los manresanos de la suspensión del francés, cobraron aliento y engrosados con el somatén de San Pedor, compuesto de buenos y esforzados tiradores, volvieron de nuevo a la carga. Venía con los recién llegados un tambor, quien como más experto hizo las veces de general en jefe. Vivamente acometieron todos juntos a los franceses de Casa-Masana, los que se recogieron al cuerpo de la columna que comía el rancho a retaguardia.
El número de somatenes crecía por momentos, sus ánimos se enardecían, adquiriendo ventaja sobre los franceses descaecidos con la impensada embestida. Schwartz al ver retirarse su vanguardia, y al ruido de la caja del somatén de San Pedor, persuadiose que tropa de línea auxiliaba al paisanaje. Formó entonces el cuadro para evitar ser envuelto, y al cabo de cierto tiempo determinó retroceder a Barcelona. Aunque molestados los enemigos por los somatenes en flanco y retaguardia llegaron sin desorden hasta Esparraguera.
Defensa
de Esparraguera.
Los vecinos de esta villa puestos en acecho, y sabiendo que los enemigos se retiraban, atajaron la calle larga y angosta que la atraviesa con todo linaje de obstáculos, en especial con muebles y utensilios de casa. Al anochecer se acercaron los franceses, y penetrando en la calle con imprudencia la cabeza de la columna, cayeron en la celada que les estaba armada. De todas partes empezaron a ofenderlos a tejazos y pedradas con algunos escopetazos, y hasta con calderadas de agua hirviendo. Schwartz suspendió el paso, y dividiendo su gente en dos trozos la hizo caminar a derecha e izquierda de la villa. Apretó después la marcha durante la noche hostigado incesantemente por los somatenes, los que le cogieron un cañón en la Riera de Cabrera, y le acosaron hasta Martorell. No imitaron sus habitantes el ejemplo de los de Esparraguera, y así fueles permitido a los franceses entrar en Barcelona el 8 de junio; pero tan destrozados y abatidos que dieron claro indicio de la rota experimentada. Su pérdida no dejó de ser considerable, mayormente si se atiende a que fueron acometidos por gente allegadiza y con escasas y malas armas. De los nuestros pocos perecieron, estando siempre amparados del terreno, y protegidos en el alcance por toda la población.
Toca a los catalanes la gloria de haber sido los primeros en España que postraron con feliz éxito el orgullo de los invasores. Fue en efecto la victoria del Bruch la que antes que ninguna otra mereció ser calificada con tal nombre. Y semejante triunfo admirable en sus circunstancias resonando por todo el principado, excitó noble emulación en todos sus habitadores, declarándose a porfía los pueblos unos en pos de otros y denodadamente.