Con razón Duhesme se sobrecogió al saber el inesperado descalabro, más que por su importancia por el aliento que infundía en los apellidados insurgentes. Atento al corto número de tropas que mandaba, obró cuerdamente en no aventurarse a nuevos riesgos y en reconcentrar sus fuerzas. Conservar sus comunicaciones con Francia debió ser su principal mira, y mal lo hubiera conseguido desparramando sus soldados en diversas direcciones: así fue que llamó a Chabran a Barcelona.

Chabran
en Tarragona.

Con mayor felicidad que Schwartz había aquel dado principio a su expedición de Valencia, penetrando sin tropiezo el 7 de junio en los muros de Tarragona. Guarnecía la plaza el regimiento suizo de Wimpffen al servicio de España, cuya oficialidad condújose con tal mesura que no despertando los recelos del francés tuvo la dicha de mantener intacto su cuerpo, después señalado apoyo de la buena causa. El general Chabran en cumplimiento de las órdenes de su jefe evacuó el 9 a Tarragona, mas a su vuelta encontró sublevado el país que poco antes había pacíficamente atravesado. Reencuentro
en Arbós. En el Vendrell y en Arbós opúsosele empeñada resistencia. Trescientos suizos de Wimpffen que iban a incorporarse con los de Tarragona, ayudaron y sostuvieron a los paisanos, y defendieron juntos con notable bizarría la posición de Arbós, aunque no fuese el terreno favorable a soldados bisoños. Después de repetidos ataques consiguieron los franceses ahuyentar a los somatenes, y apoderarse de la artillería que consigo tenían. Entraron en Arbós, y para vengarse del atrevido arrojo de sus habitantes maltrataron y mataron a muchos de ellos. Saqueo
de Villafranca
de Panadés. Continuó Chabran a Villafranca de Panadés y no cesó el estrago, saqueando allí y quemando casas y edificios en desagravio, según decía, del asesinato del gobernador español Toda, de que ya hablamos: singular equidad la de castigar una población entera por las demasías de contados individuos. Duhesme salió en busca de la tropa que volvía de Tarragona, habiendo sabido que en la ruta topaba con resistencia, y reunidos unos y otros entraron en Barcelona el día 12.

Aunque resueltos a no intentar de nuevo expediciones lejanas ni otras importantes operaciones que las que exigiese la libre comunicación con Francia, quisieron sin embargo viéndose todos juntos probar fortuna con deseo de castigar al paisanaje de Manresa y su comarca. Para lo cual reunidas las columnas de Schwartz y Chabran salieron el 13 al mando del último, tomando el mismo camino que la vez primera. En el tránsito saquearon y quemaron muchas casas de Martorell y Esparraguera ahora desapercibida, y cometieron todo linaje de desórdenes y excesos, con cuyo desmandado porte provocábase la ira del tenaz catalán; no se le arredraba.

Segunda acción
del Bruch.

Interesada la gloria de los manresanos en sostener el sitio del Bruch, testigo de sus primeros laureles, habían atendido a fortificarle y guarnecerle debidamente en unión con la junta de Lérida y pueblos del contorno. Apellidaron allí sus somatenes y les agregaron los soldados escapados de Barcelona, y cuatro compañías de voluntarios leridanos al mando de Don Juan Baguet, con algunas piezas de artillería traídas de las fortalezas del principado. El 14 trató Chabran de forzar la posición, mas a pesar de venir los franceses con dobles fuerzas y de caminar advertidos fue vana su empresa. Estrellose su desapoderado orgullo contra las flacas armas del somatén catalán, y de pocos y mal regidos soldados. En reiterados ataques quisieron enseñorearse de la posición: rechazados en todos volvieron atrás sus pasos, y con pérdida de 500 hombres y alguna artillería, perseguidos y hostigados por los paisanos se metieron vergonzosamente en Barcelona.

Expedición
de Duhesme
contra Gerona.

Frustradas las primeras tentativas, y no habiendo podido ser ejecutadas las órdenes de Napoleón, suspendió Duhesme darles el debido cumplimiento, y volvió exclusivamente la atención a asegurar y poner libres las comunicaciones con Francia. Para ello salió de Barcelona el 17 de junio con siete batallones, cinco escuadrones y ocho piezas de artillería, prefiriendo al camino que va por Hostalrich el de la marina. Habíanse armado los paisanos del Vallés, y en número de 9000 aguardaban a los franceses en la cresta de Mongat. Resistencia
de Mongat. Los inexpertos somatenes se imaginaron que solo por el frente habían de ser acometidos; pero el general francés disfrazando con varios ataques falsos el verdadero, los envolvió por su derecha, y en breve los deshizo y dispersó. Dueño el enemigo de Mongat, batería de la costa, cometió con los paisanos inauditas crueldades. Mataró que había pensado en defenderse, no cejó en su propósito con la desgracia acaecida. Colocando artillería en las avenidas del camino de Barcelona, hicieron los vecinos fuego contra las columnas francesas que se acercaban. No tardaron en ser desbaratados, Saqueo
de Mataró. y el mismo día 17 entraron los enemigos en Mataró y la saquearon. Ciudad de 20.000 habitantes, y rica por sus fábricas de algodón, vidrio y encajes, ofreció al vencedor copioso botin, no perdonando su codicia ni los vestidos de las mujeres, ni otros objetos de poco valor y uso común. El asesinato, la violencia hasta de las vírgenes más tiernas acompañaron al pillaje, confundiéndose a veces cebados en los mismos excesos el general con el soldado: largos días llorará Mataró aquel tan aciago y cruel.

En la mañana siguiente continuaron los franceses la marcha sobre Gerona. En su tránsito dejaron sangriento rastro por las muertes, robos y destrozos con que afligieron a todos los pueblos. En tanto grado convierte la guerra en hombres inhumanos a los soldados de una nación culta. Ataque
de los franceses
contra Gerona. Había solamente de guarnición en Gerona 300 hombres del regimiento de Ultonia y algunos artilleros, los que con gente de mar de la vecina costa dirigieron los fuegos de aquella arma. Limitadísimo número si los nobles, el clero y todos los vecinos sin excepción, inflamados de ardor patrio no hubiesen sostenido con el mayor brío los puntos que se confiaron a su cuidado. Era gobernador interino Don Julián de Bolívar.

A las nueve de la mañana del propio día 20 se presentó el enemigo en las alturas de la aldea de Palausacosta, mas incomodado con algunos cañonazos del baluarte de la Merced y fuerte de Capuchinos se replegó a Salt y Santa Eugenia, cuyas aldeas saqueó a sangre y fuego. Por la tarde después de varios reconocimientos atacó formalmente, dirigiendo su izquierda por los lugares que acabamos de mencionar, al paso que su derecha cruzando el Oña acometió con ímpetu e intentó forzar la puerta del Carmen. Los sitiados le repelieron con valor y serenidad. Señalose Ultonia, cuyo teniente coronel Don Pedro O’Daly quedó herido. Atacó en seguida el fuerte de Capuchinos en donde fue igualmente repelido, habiendo experimentado considerable pérdida. Burladas sus esperanzas colocó una batería cerca de la cruz de Santa Eugenia, no lejos de la plaza: causó algún daño en el colegio tridentino y otros edificios, y respondiendo con acierto a sus fuegos las baterías de la plaza, la noche puso término al combate.