Al llegar aquí de suyo se nombra la batalla de Bailén: memorable suceso que exige lo refiramos circunstanciadamente.
Acontecimientos
que precedieron
a la batalla
de Bailén.
No habrá el lector olvidado como Dupont después de abandonar a Córdoba se había replegado a Andújar, y asentando allí su cuartel general, sucesivamente había recibido los refuerzos que le llevaron los generales Vedel y Gobert. Antes de esta retirada y para impedirla se había formado un plan por los españoles. Don Francisco Javier Castaños se oponía a que este se realizase, pensando quizá fundadamente que ante todo debía organizarse el ejército en un campo atrincherado delante de Cádiz. En tanto Dupont frustró con su movimiento retrógrado el intento que había habido de rodearle. Alentáronse los nuestros, y solo Castaños insistió de nuevo en su anterior dictamen. Inclinábase a adoptarle la junta de Sevilla hasta que arrastrada por la voz pública, y noticiosa de que tropas de refresco avanzaban a unirse al enemigo, determinó que se le atacase en Andújar.
Castaños desde que había tomado el mando del ejército de Andalucía, había tratado de engrosarle, y disciplinar a los innumerables paisanos que se presentaban a alistarse voluntariamente. En Utrera estableció su cuartel general, y en aquel pueblo y Carmona se juntaron unas en pos de otras todas las fuerzas, así las que venían de San Roque, Cádiz y Sevilla, como las que con Echevarri habían peleado en Alcolea. No tardaron mucho las de Granada en aproximarse y darse la mano con las demás. Para mayor seguridad rogó Castaños al general Spencer, quien con 5000 ingleses según se apuntó estaba en Cádiz a bordo de la escuadra de su nación, que desembarcase y tomase posición en Jerez. Por entonces no condescendió este general con su deseo, prefiriendo pasar a Ayamonte y sostener la insurrección de Portugal. No tardó sin embargo el inglés en volver y desembarcar en el Puerto de Santa María, en donde permaneció corto tiempo sin tomar parte en la guerra de Andalucía.
Distribución del
ejército español
de Andalucía.
Puestos de inteligencia los jefes españoles dispusieron su ejército en tres divisiones con un cuerpo de reserva. Mandaba la primera Don Teodoro Reding con la gente de Granada; la segunda el marqués de Coupigny, y se dejó la tercera a cargo de Don Félix Jones que debía obrar unida a la reserva capitaneada por Don Manuel de la Peña. El total de la fuerza ascendía a 25.000 infantes y 2000 caballos. A las órdenes de Don Juan de la Cruz había una corta división, compuesta de las compañías de cazadores de algunos cuerpos, de paisanos y otras tropas ligeras, con partidas sueltas de caballería, que en todo ascendía a 1000 hombres. También Don Pedro Valdecañas mandaba por otro lado pequeños destacamentos de gente allegadiza.
Los españoles, avanzando, se extendieron desde el 1.º de julio por el Carpio y ribera izquierda del Guadalquivir. Los franceses para buscar víveres y cubrir su flanco habían al propio tiempo enviado a Jaén al general de brigada Cassagne con 1500 hombres. A las once del mismo día, acercándose los franceses a la ciudad, tuvieron varios reencuentros con los nuestros, y hasta el 3 que por la noche la desampararon estuvieron en continuado rebato y pelea, ya con paisanos y ya con el regimiento de suizos de Reding y voluntarios de Granada, que habían acudido a la defensa de los suyos. Dupont, sabedor del movimiento del general Castaños, no queriendo tener alejadas sus fuerzas, había ordenado a Cassagne que retrocediese, y así se libertó Jaén de la ocupación de unos soldados que tanto daño le habían ocasionado en la primera.
Consejo
celebrado
para atacar
a los franceses.
Instando de todos lados para que se acometiese decididamente al enemigo, celebraron en Porcuna el 11 de julio los jefes españoles un consejo de guerra en el que se acordó el plan de ataque. Conforme a lo convenido debía Don Teodoro Reding cruzar el Guadalquivir por Mengíbar y dirigirse sobre Bailén, sosteniéndole el marqués de Coupigny que había de pasar el río por Villanueva. Al mismo tiempo Don Francisco Javier Castaños quedó encargado de avanzar con la tercera división y la reserva y atacar de frente al enemigo, cuyo flanco derecho debía ser molestado por las tropas ligeras y cuerpos francos de Don Juan de la Cruz, quien atravesando por el puente de Marmolejo, que aunque cortado anteriormente estaba ya transitable, se situó al efecto en las alturas de Sementera.
El 13 se empezó a poner en obra el concertado movimiento, y el 15 hubo varias escaramuzas. Dupont inquieto con las tropas que veía delante de sí, pidió a Vedel que le enviase de Bailén el socorro de una brigada; pero este no queriendo separarse de sus soldados fue en persona con su división, dejando solamente a Liger-Belair con 1300 hombres para guardar el paso de Mengíbar. En el mismo 15 los franceses atacaron a Cruz, quien después de haber combatido bizarramente se transfirió a Peñascal de Morales, replegándose los enemigos a sus posiciones. No hubo en el 16 por el frente, o sea del lado de Castaños, sino un recio cañoneo; pero fue grave y glorioso para los españoles el choque en que se vio empeñado en el propio día el general Reding.