El rey ha añadido que el príncipe de Asturias quería que su padre se retirase con la reina su mujer a Badajoz, frontera de Portugal: que el rey le había hecho la observación de que el clima de aquel país no le convenía, y le había pedido permiso de escoger otro, por lo cual el mismo rey Carlos deseaba obtener del emperador licencia de adquirir un bien en Francia y de asegurar allí su existencia. La reina me ha dicho: «que había suplicado a su hijo la dilación del viaje a Badajoz; pero que no había conseguido nada, por lo que debería verificarse en el próximo lunes.»
Al tiempo de despedirme yo de SS. MM. me dijo el rey: «yo he escrito al emperador poniendo mi suerte en sus manos: quise enviar mi carta por un correo; pero no es posible medio más seguro que el de confiarla a vuestro cuidado.»
El rey pasó entonces a su gabinete y luego salió trayendo en su mano la carta adjunta. Me la entregó y dijo estas palabras: «mi situación es de las más tristes; acaban de llevarse al príncipe de la Paz y quieren conducirlo a la muerte: no tiene otro delito que haber sido muy afecto a mi persona toda su vida.»
Añadió: «que no había modo de ruegos que no hubiese puesto en práctica para salvar la vida de su infeliz amigo; pero había encontrado sordo a todo el mundo y dominado del espíritu de venganza. Que la muerte del príncipe de la Paz produciría la suya, pues no podría S. M. sobrevivir a ella.» — B. de Monthion.»
Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez a 23 de marzo de 1808.
«Señor mi hermano: V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas; y no verá con indiferencia a un rey que forzado a renunciar la corona acude a ponerse en los brazos de un grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y las de sus fieles vasallos.
Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida o la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de la reina.
Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
Dirijo a V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confio en el corazón y amistad de V. M., con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa y digna guarda.
De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. — Carlos.»