Mi hijo tiene veinte años, sin experiencia ni conocimientos del mundo. Los que le acompañan y todos los demás le habrán dado instrucciones a su gusto. ¡Ojalá que V. A. tome todas las medidas necesarias para anticipar noticias al emperador! Mi hijo hace todo lo posible para que no veamos al emperador; pero nosotros queremos verle, así como a V. A. en quien hemos depositado nuestra confianza, y la seguridad de todos tres que esperamos conceda el emperador.

En este supuesto ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Mi señor y hermano. De V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»

Carta de la reina de España al gran duque de Berg en Aranjuez a 8 de abril de 1808.

«Mi señor y hermano: el rey no puede escribir por estar muy incomodado con la hinchazón de su mano. Cuando ha leído la carta de V. A. en que le deja elección de partir mañana u otro día, ha tenido presente que todo estaba preparado, que una parte de sus criados parte hoy, y que la dilación podía dar que pensar a tantos intérpretes como hay, malignos e impostores; por lo que se ha decidido a salir mañana a la una como tenía ya dicho, esperando que así le sería más fácil también ir a ver al emperador. Tendremos mucho gusto de saber el arribo del emperador a Bayona. Nosotros lo esperamos con impaciencia, y que V. A. nos dirá cuándo debemos ir. El rey mi marido y yo deseamos con vehemencia ver a V. A. Apetecemos con ansia este momento, y nos ha servido de gran placer el recado de V. A. de que vendría a vernos después de dos días. Repetimos nuestras súplicas, confiando enteramente en vuestra amistad, y pido a Dios tenga a V. A. en su santa y digna guarda.

Mi señor y hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»

Carta del rey Fernando a su padre en Madrid a 8 de abril de 1808.

«Padre mío: el general Savary acaba de separarse de mi compañía. Estoy muy satisfecho de él, como también de la buena inteligencia que hay entre el emperador y mi persona, por la buena fe que me ha manifestado.

Por este motivo me parece justo que V. M. me dé una carta para el emperador, felicitándole de su arribo, y asegurándole que tengo para con él los mismos sentimientos que V. M. le ha demostrado.

Si V. M. considera conveniente, me enviará en respuesta dicha carta, porque yo saldré después de mañana, y he dado orden de que vengan después los tiros que debían servir a VV. MM.

Vuestro más sumiso hijo. — Fernando.»