Vuelve Duhesme
a Gerona.

Duhesme, por su parte, luego que volvió a Barcelona después de habérsele desgraciado su empresa de Gerona, no descansaba ni vivía tranquilo hasta vengar el recibido agravio. Juntó con premura los convenientes medios, y al frente de 6000 hombres, un tren considerable de artillería con municiones de boca y guerra, escalas y demás pertrechos conducentes a formalizar un sitio, salió de Barcelona el 10 de julio.

Confiado en el éxito de esta nueva expedición contra Gerona, públicamente decía: el 24 llego, el 25 la ataco, la tomo el 26 y el 27 la arraso. Conciso como César en las palabras no se le asemejó en las obras. Por de pronto fue inquietado en todo el camino. Detuvieron a sus soldados entre Caldetas y San Pol las cortaduras que los somatenes habían abierto, y cuyo embarazo los expuso largo tiempo a los fuegos de una fragata inglesa y de varios buques españoles. Prosiguiendo adelante se dividieron el 19 en dos trozos, tomando uno de ellos la vuelta de las asperezas de Vallgorguina, y el otro la ruta de la costa. De este lado tuvieron un reñido choque con la gente que mandaba Don Francisco Miláns, y por el de la Montaña, vencidos varios obstáculos, con pérdidas y mucha fatiga llegaron el 20 a Hostalrich, cuyo gobernador Don Manuel O’Sullivan, de apellido extranjero pero de corazón español y nacido en su suelo, contestó esforzadamente a la intimación que de rendirse le hizo el general Goulas. Volviéronse a unir las dos columnas francesas después de otros reencuentros, y juntas avanzaron a Gerona, en donde el 24 se les agregó el general Reille con más de 2000 hombres que traía de Figueras. Aunque a vista de la plaza, no la acometieron formalmente hasta principios de agosto, y como el no haber conseguido el enemigo su objeto dependió en mucha parte de haberse mejorado la situación del principado con los auxilios que de fuera vinieron, y con el mejor orden que en él se introdujo, será conveniente que acerca de uno y otro echemos una rápida ojeada.

Junta de Lérida.

Habíase congregado en Lérida a últimos de junio una junta general en que se representaron los diversos corregimientos y clases del principado. Fue su primera y principal mira aunar los esfuerzos, que si bien gloriosos, habían hasta entonces sido parciales, combinando las operaciones y arreglando la forma de los diversos cuerpos que guerreaban. Acordó juntar con ellos y otros alistados el número de 40.000 hombres, y buscó y encontró en sus propios recursos el medio de subvenir a su mantenimiento. Para lisonjear sin duda la opinión vulgar de la provincia, adoptó en la organización de la fuerza armada la forma antigua de los miqueletes. Motejose con razón esta disposición como también el que dándoles mayor paga disgustase a los regimientos de línea. Los miqueletes, según Melo, se llamaron antes almogávares, cuyo nombre significa gente del campo, que profesaba conocer por señales ciertas el rastro de personas y animales. Mudaron su nombre en el de miquelets en memoria, dice el mismo autor, de Miquelot de Prats, compañero del famoso César Borja. Pudo en aquel siglo y aun después convenir semejante ordenación de paisanos, aunque muchos lo han puesto en duda; mas de ningún modo era acomodada al nuestro faltándole la conveniente disciplina y subordinación.

Tropas
de Menorca
mandadas
por el marqués
del Palacio.

Acudieron también a Cataluña, por el propio tiempo, parte de las tropas de las islas Baleares. Al principio se habían negado sus habitantes a desprenderse de aquella fuerza, temerosos de un desembarco. Pero en julio, más tranquilos, convinieron en que la guarnición de Mahón con el marqués del Palacio, que mandaba en Menorca desde el principio de la insurrección, se hiciese a la vela para Cataluña. Dicho general, si bien había suscitado alteraciones de que hubieran podido resultar males y abierta división entre las dos islas de Mallorca y Menorca, habíase sin embargo mantenido firmemente adicto a la causa de la patria, y contestado con dignidad y energía a las insidiosas propuestas que le hicieron los franceses de Barcelona y sus parciales.

El 20 de julio salió pues de Menorca la expedición, compuesta de 4630 hombres, con muchos víveres y pertrechos, y el 23 desembarcó en Tarragona. Dio su llegada grande impulso a la defensa de Cataluña, y trasladándose sin tardanza de Lérida a aquel puerto la junta del principado, nombró por su presidente al marqués del Palacio, y se instaló solemnemente el 6 de agosto.

Se empezó desde entonces en aquella parte de España a hacer la guerra de un modo mejor y más concertado. Al principio, sin otra guía ni apoyo que el valor de sus habitantes, redújose por lo general a ser defensiva y a incomodar separadamente al enemigo. Con este fin determinó el nuevo jefe tomar la ofensiva, reforzando la línea de somatenes que cubría la orilla del Llobregat. Escogió para mandar la tropa que enviaba a aquel punto al brigadier conde de Caldagués, quien se juntó con el coronel Baguet, jefe de los somatenes. La presencia de esta gente incomodaba a Lecchi, comandante de Barcelona en ausencia de Duhesme, mayormente cuando por mar le bloqueaban dos fragatas inglesas, de una de las cuales era capitán el después tan conocido y famoso Lord Cochrane. Temíase el francés cualquier tentativa, y creció su cuidado luego que supo haber los somatenes recobrado el 31 a Mongat con la ayuda de dicho Cochrane, y capitaneados por Don Francisco Barceló.

El conde
de Caldagués
va en socorro
de Gerona.