Acción de Roliça.

Eran sus instrucciones no empeñar acción hasta que se le agregasen las tropas en varios puntos esparcidas, y limitarse a contener a los ingleses. No le fue lícito cumplir aquellas, viéndose obligado a pelear con el ejército adversario. Había este salido de su campo de Caldas en la madrugada del 17, y encaminádose hacia Óbidos. Se extiende desde allí hasta Roliça un llano arenoso cubierto de matorrales y arbustos terminado por agrias colinas, las que prolongándose del lado de Columbeira casi cierran por su estrechura y tortuosidad el camino que da salida al país situado a su espalda. Delaborde tomó posición en un corto espacio que hay delante de Roliça, pueblo asentado en la meseta de una de aquellas colinas, y de cuyo punto dominaba el terreno que habían de atravesar los ingleses. Acercábanse estos divididos en tres trozos: mandaba el de la izquierda el general Ferguson, encargado de rodear por aquel lado la posición de Delaborde y de observar si Loison intentaba incorporársele. El capitán Trant con los portugueses debía por la derecha molestar el costado izquierdo de los franceses, quedando en el centro el trozo más principal, compuesto de cuatro brigadas y a las órdenes inmediatas de Sir Arthur, de cuyo número se destacó por la izquierda la del general Fane para darse la mano con la de Ferguson, del mismo modo que por la derecha y para sostener a los portugueses se separó la del general Hill.

Delaborde no creyéndose seguro en donde estaba, con prontitud y destreza se recogió amparado de su caballería detrás de Columbeira, en paraje de difícil acceso, y al que solo daban paso unas barrancas de pendiente áspera y con mucha maleza. Entonces los ingleses variaron la ordenación del ataque; y uniéndose los generales Fane y Ferguson para rodear el flanco derecho del enemigo, acometieron su frente de posición muy fuerte los generales Hill y Nightingale. Defendiéronse los franceses con gran bizarría, y cuatro horas duró la refriega. Delaborde herido y perdida la esperanza de que se le juntara Loison, pensó entonces en retirarse, temeroso de ser del todo deshecho por las fuerzas superiores de sus contrarios. Primeramente retrocedió a Azambujeira, disputando el terreno con empeño. Hizo después una corta parada, y al fin tomó el angosto camino de Runha, andando toda la noche para colocarse ventajosamente en Montechique. Perdieron los ingleses 500 hombres, 600 los franceses. Gloriosa fue aquella acción para ambos ejércitos; pues peleando briosamente, si favoreció a los últimos su posición, eran los primeros en número muy superiores. Con la victoria recobraron confianza los soldados ingleses, menguada por anteriores y funestas expediciones; y de allí tomó principio la fama del general Wellesley, acrecentada después con triunfos más importantes.

No había Loison acudido a unirse con Delaborde receloso de comprometer la suerte de su división. Sabía que los ingleses habían llegado a Leiría, le observaban de cerca los portugueses y unos 1500 españoles que de Galicia había traído el marqués de Valladares; el país se mostraba hostil, y así no solo juzgó imprudente empeñarse en semejante movimiento, sino que también abandonando a Tomar, siguió por Torres Novas a Santarén y el 17 se incorporó en Cercal con Junot. Los portugueses luego que le vieron lejos, entraron en Abrantes y se apoderaron de casi todo un destacamento que allí había dejado.

Junot por su parte, según acabamos de indicar, se había ya adelantado. El 15 de agosto después de celebrar con gran pompa la fiesta de Napoleón, por la noche y muy a las calladas había salido de Lisboa. Falsas nuevas y el estado de su gente le retardaron en la marcha, y no le fue dado antes del 20 reunir sus diversas y separadas fuerzas. Aquel día aparecieron juntas en Torres Vedras, y se componían de 12.000 infantes y 1500 caballos. Quedaban además las competentes guarniciones en Elvas, Almeida, Peniche, Palmela, Santarén y en los fuertes de Lisboa. Mandaba la 1.ª división francesa el general Delaborde, la 2.ª Loison, y Kellermann la reserva. La caballería y artillería se pusieron al cuidado de los generales Margaron y Taviel, y en la última arma mandaba la reserva el coronel entonces, y después general Foy, célebre y bajo todos respectos digno de loa.

Socorros llegados
al ejército inglés.

Era más numeroso el ejército inglés. Se le habían nuevamente agregado 4000 hombres a las órdenes de los generales Anstruther y Acland, y constaba en todo de más de 18.000 combatientes. Carecía de la suficiente caballería, limitándose a 200 jinetes ingleses y 250 portugueses. Después de la acción de Roliça no había Wellesley perseguido a su contrario. Para proteger el desembarco en Maceira de los 4000 hombres mencionados, había avanzado hasta Vimeiro, en donde casi al propio tiempo se le anunció la llegada con 11.000 hombres de Sir Juan Moore. A este le ordenó que saltase con su gente en tierra en Mondego, y que yendo del lado de Santarén cubriese la izquierda del ejército. No tardó tampoco en saberse la llegada de Sir H. Burrard nombrado segundo de Dalrymple en el mando: noticia por cierto poco grata para el general Wellesley, que esperaba por aquellos días coger nuevos laureles. Su plan de ataque estaba ya combinado. Con pleno conocimiento del terreno, tomando un camino costero, escabroso y estrecho, pensaba flanquear la posición de Torres Vedras, y colocándose en Mafra interponerse entre Junot y Lisboa. Había escogido aquellos vericuetos y ásperos sitios por considerarlos ventajosos para quien como él andaba escaso de caballería. Al aviso de estar cerca Burrard suspendió Wellesley su movimiento y se avistó a bordo con aquel general. Conferenciaron acerca del plan concertado, y juzgando Burrard ser arriesgada cualquier tentativa en tanto que Moore no se les uniese, dispuso aguardarle y que permaneciese su ejército en la posición de Vimeiro.

Tuvo empero la dicha el general Wellesley de que Junot, no queriendo dar tiempo a que se juntasen todas las fuerzas británicas, resolvió atacar inmediatamente a las que en Vimeiro se mantenían tranquilas.

Batalla
de Vimeiro,
21 de agosto.

Está situado aquel pueblo no lejos del mar en una cañada por donde corre el río Maceira. Al norte se eleva una sierra cortada al oriente por un escarpe en cuya hondonada está el lugar de Toledo. En dicha sierra no habían al principio colocado los ingleses sino algunos destacamentos. Al sudoeste se percibe un cerro en parte arbolado que por detrás continúa hacia poniente con cimas más erguidas. Seis brigadas inglesas ocupaban aquel puesto. Había otras dos a la derecha del río en una eminencia escueta y roqueña que se levanta delante de Vimeiro. En la cañada o valle se situaron los portugueses y la caballería.