Próximo a abrir la marcha, fue también gran ventura que otros avisos llegados al propio tiempo no la retardasen o la impidiesen. Había antes el general inglés enviado hacia Madrid al coronel Graham a fin de que se cerciorase del verdadero estado de la capital. Mas dicho coronel sin haber pasado de Talavera, cuyo rodeo había tomado a causa de las circunstancias, se halló de vuelta en Salamanca el 9 de diciembre, y trajo tristes y desconsoladas nuevas. Los franceses según su relato, eran ya dueños del Retiro y habían intimado la rendición a Madrid.
Sale el 12
de Salamanca
a Valladolid.
Por grave que fuese semejante acontecimiento no por eso influyó en la resolución de Sir Juan Moore, y el 12 levantó el campo marchando con sus tropas y las del general Hope camino de Valladolid, y con la buena fortuna de que ya en la noche del mismo día un escuadrón inglés al mando del brigadier general Carlos Stewart, hoy Lord Londonderry, sorprendió y acuchilló en Rueda un puesto de dragones franceses.
El 14 se entregaron en Alaejos al general Moore pliegos cogidos en Valdestillas a un oficial enemigo, muerto por haber maltratado al maestro de postas de aquella villa. Iban dirigidos al mariscal Soult, a quien después de informarle de hallarse el emperador tranquilo poseedor de Madrid, se le mandaba que arrinconase en Galicia a los españoles y que ocupase a León, Zamora y tierra llana de Castilla. Del contenido de tales pliegos si bien se infería la falta de noticias en que estaba Napoleón acerca de los movimientos de los ingleses, también con su lectura pudieron estos cerciorarse de cuál fuese en realidad la situación de sus contrarios, y cuáles los triunfos que habían obtenido.
Varía
de dirección
y se mueve
hacia Toro
y Benavente.
Con este conocimiento alteró su primer plan Sir Juan Moore, y en vez de avanzar a Valladolid tomó por su izquierda del lado de Toro y Benavente para unirse con los generales Baird y Romana, y juntos deshacer el cuerpo mandado por el mariscal Soult antes que Napoleón penetrase en Castilla la Vieja. Estaba el general inglés ejecutando su movimiento a la sazón que el 16 de diciembre se avistaron con él en Toro Don Francisco Javier Caro y Sir Carlos Stuart, enviados desde Trujillo, uno por la junta central de que era individuo, y otro por Mr. Frere con el objeto de hacer un nuevo esfuerzo y evitar la tan temida retirada. Afortunadamente ya esta se había suspendido, y si las operaciones del ejército inglés no fueron del todo conformes a los deseos del gobierno español, no dejaron por lo menos de ser oportunas y de causar diversión ventajosa.
Da de ello aviso
a Romana.
Mal estado del
ejército de este.
Luego que el general Moore se resolvió a llevar a cabo el plan indicado se lo comunicó al marqués de la Romana. Hallábase este caudillo en León a la cabeza del ejército de la izquierda, cuyas reliquias, viniendo unas por la Liébana, según dijimos, y cruzando otras el principado de Asturias, se habían ido sucesivamente reuniendo en la mencionada ciudad. En ella, en Oviedo y en varios pueblos de las dos líneas que atravesaron los dispersos, cundieron y causaron grande estrago unas fiebres malignas contagiosas. Las llevaban consigo aquellos desgraciados soldados, como triste fruto de la hambre, del desabrigo, de los rigurosos tiempos que habían padecido: cúmulo de males que requería prontos y vigorosos remedios. Mas los recursos eran contados, y débil y poco diestra la mano que había de aplicarlos. Hablamos ya de las prendas y de los defectos del marqués de la Romana. Por desgracia solo los últimos aparecieron en circunstancias tan escabrosas. Distraído y olvidadizo dejaba correr los días sin tomar notables providencias, y sin buscar medios de que aún podía disponer. ¿Quién en efecto pensara que teniendo a su espalda y libre de enemigos la provincia de Asturias no hubiese acudido a buscar en ella apoyo y auxilios? Pues fue tan al contrario que, pésanos decirlo, en el espacio de más de un mes que residió en León, solo una vez y tarde escribió a la junta de aquel principado para darle gracias por su celo y patriótica conducta.
A pesar de tan reprensible abandono, no perseguido el ejército de la izquierda, más tranquilo y mejor alimentado, íbase poco a poco reparando de sus fatigas, y no menos de 16.000 hombres se contaban ya alojados en León y riberas del Esla; pero de este número escasamente la mitad merecía el nombre de soldados.
Atento a su deplorable estado y en el intermedio que corrió entre la primera resolución del general Moore de retirarse, y la posterior de avanzar, sabedor Romana de que Sir David Baird se disponía a replegarse a Galicia, no queriendo quedar expuesto, solo y sin ayuda a los ataques de un enemigo superior, había también determinado abandonar a León. Súpolo Moore en el momento en que se movía hacia adelante, y con diligencia escribió a Romana sentido de su determinación, y de que pensase tomar el camino de Galicia por el que debían venir socorros al ejército de su mando, y marchar este en caso de necesidad. Replicole y con razón el general español que nunca hubiera imaginado retirarse, si no hubiese visto que Sir David Baird se disponía a ello y le dejaba desamparado; pero ahora que, según los avisos, había otros proyectos, no solo se mantendría en donde estaba, sino que también y de buen grado cooperaría a cualquier plan que se le propusiese.