Parcialidad
de escritores
extranjeros.

En toda su correspondencia había el de la Romana animado a los ingleses a obrar e impedir la toma de Madrid. Algunos historiadores de aquella nación le han motejado, así como a otros generales nuestros y autoridades, de haber insistido en pedir una cooperación activa, y de desfigurar los hechos con exageraciones y falsas noticias. En cuanto a lo primero, natural era que oprimidos por continuadas desgracias, deseasen todos ofrecer al enemigo un obstáculo que dando respiro permitiese a la nación volver en sí, y recobrar parte de las perdidas fuerzas: y respecto de lo segundo, las mismas autoridades españolas y los generales eran engañados con los avisos que recibían. Hubo provincias en que más de un mes iba corrido antes que se hubiese averiguado con certeza la rendición de Madrid. Los pueblos oían con tal sospecha a los que daban tristes nuevas, que los pocos trajineros y viajantes que circulaban en tan aciagos días, en vez de descubrir la verdad, la ocultaban, estando así seguros de ser bien tratados y recibidos. Si además los generales españoles y su gobierno ponderaban a veces los medios y fuerza que les quedaban, no poco contribuía a ello el desaliento que advertían en el general Moore, el cual era tan grande, que causaba según los mismos ingleses disgusto y murmuraciones en su ejército. Por lo que sin intentar disculpar los errores y faltas que se cometieron por nuestra parte, y que somos los primeros a publicar, justo es que tampoco se achaquen a nuestros militares y gobernantes los que eran hijos de tiempos tan revueltos, ni se olviden las flaquezas de que otros adolecieron, igualmente reprensibles aunque por otro extremo.

Unión
en Mayorga
de los generales
Baird y Moore.

Volvamos ahora al general Moore. Continuando este su marcha se le unió el 20 en Mayorga el general Baird. Juntas así las fuerzas inglesas formaban un total de 23.000 infantes y 2300 caballos: algunos otros cuerpos estaban todavía en Portugal, Astorga y Lugo. Por su izquierda y hacia Cea también empezó a moverse Romana con unos 8000 hombres escogidos entre lo mejor de su gente. Sentaron los ingleses el 21 en Sahagún su cuartel general, habiendo antes su caballería en el mismo punto deshecho 600 jinetes enemigos.

Situación
del mariscal
Soult.

El mariscal Soult se extendía con las tropas de su mando entre Saldaña y Carrión de los Condes, teniendo consigo unos 18.000 hombres. Después de haber salido a Castilla viniendo de Santander, se había mantenido sobre la defensiva aguardando nuevas órdenes. De estas, las que le mandaban atacar a los españoles fueron interceptadas en Valdestillas: además de que noticioso Soult del paraje en donde estaban situados los ingleses [cosa que al dar aquellas ignoraba Napoleón] no se hubiera con solo su fuerza arriesgado a pasar adelante.

Aviso de la venida
de Napoleón.
Retíranse
los ingleses
a Benavente
y Astorga.

Sabedor el mariscal francés de que los ingleses movían contra él su ejército, se reconcentró en Carrión. Disponíanse aquellos a avanzar, cuando en la noche del 23 recibieron aviso de Romana [que también por su parte ejecutaba el movimiento concertado] de que Napoleón venía sobre ellos con fuerzas numerosas. Confirmado este aviso con otros posteriores no prosiguió su marcha el general Moore, y el 24 comenzó a retirarse en dos columnas, una, a cuyo frente él iba, tomó por el puente de Castro Gonzalo a Benavente, y otra se dirigió a Valencia de Don Juan, cubriendo y amparando sus movimientos la caballería.

Marcha
de Napoleón.
Paso
de Guadarrama.

Era ya tiempo de adoptar esta resolución. Napoleón avanzaba con su acostumbrada diligencia. Al principio la marcha de su ejército había sido penosa, y tan intenso el frío para aquel clima, que al pie de las montañas de Guadarrama señaló el termómetro de Réaumur nueve grados debajo de cero. Cruzaron los franceses el puerto en los días 23 y 24 de diciembre, perdiendo hombres y caballos con el mucho frío, la nieve y ventisca. Detúvose la artillería volante y parte de la caballería a la mitad de la subida, teniendo que esperar algunas horas a que suavizase el tiempo. Napoleón siéndole dificultoso continuar a caballo, y deseoso también de animar con el ejemplo, se puso a pie y estimuló a redoblar el paso, llegando él a Villacastín el 24. Al bajar a Castilla la Vieja sobrevino blandura acompañada de lluvia, y se formaron tales lodazales que hubo sitios en que se atascaron la artillería y equipajes, aumentándose el desconsuelo de los franceses a la vista de pueblos por la mayor parte solitarios y desprovistos.