Entró el mariscal Soult en el Bierzo dividida su gente en dos columnas, que tomaron una por Foncebadón, otra por Manzanal, avanzando el 3 su vanguardia hasta las cercanías de Cacabelos. Habían los ingleses ocupado con 2500 hombres y una batería la ceja del ribazo de viñedos que se divisa no lejos de aquel pueblo y del lado de Villafranca. Más adelante y camino de Bembibre habían también apostado 400 tiradores y otros tantos caballos, a los cuales hacía espalda el puente del Cúa, río escaso de aguas, pero crecido ahora por las muchas nieves, y cuya corriente baña las calles de Cacabelos.

Reencuentro
en Cacabelos.

Venían al frente de la vanguardia francesa unos cuantos escuadrones mandados por el general Colbert, quien pensando ser de importancia el número de ingleses que le aguardaba en puesto ventajoso, pidió refuerzo al mariscal Soult; mas respondiéndole secamente este que sin dilación atacase, sentido Colbert de la imperiosa orden, acometió con temerario arrojo y arrolló a los caballos y tiradores ingleses que estaban avanzados. De estos los hubo que fueron cogidos al pasar el puente del Cúa; otros metiéndose en los viñedos de la margen del camino, de cerca y a quema ropa dispararon y mataron a muchos jinetes franceses, entre ellos a su general Colbert, distinguido por su belleza y denuedo. Llegó a poco la división de infantería del general Merle, y aunque quiso pasar adelante, detúvose al ver la batería que estaba en lo alto del ribazo y también impedido de la noche que sobrevino.

Retírase
el general Moore
de Villafranca.

Aquí hubiera podido empeñarse una acción general. Sir Juan Moore la evitó retirándose después de oscurecido. En Villafranca escandalosamente se renovaron los excesos y demasías de otras partes: fueron robados los almacenes, entradas a viva fuerza muchas casas y oprimidos e inhumanamente tratados los vecinos. El general inglés reprimió algún tanto los desmanes con severas providencias, mandando también arcabucear a un soldado cogido infraganti. Aceleró después su partida, y como la tierra es por allí cada vez más quebrada, y está cubierta de bosques u otros plantíos, no pudiendo la caballería ser de gran provecho, enviola delante con dirección a Lugo. En todo este tránsito hay parajes en que pocas fuerzas pudieran detener mucho tiempo a un ejército muy superior, pues si bien la calzada es magnífica, corre ceñida por largo espacio entre opuestas montañas de dificultoso y agrio acceso.

Van en aumento
los desórdenes
de los ingleses.

Ningún fruto se sacó de tamañas ventajas: y encontrándose los soldados británicos con un convoy, no solo inutilizaron vestuario y armamento que de Inglaterra iba para Romana, sino que también cerca de Nogales y por orden del general Moore arrojaron a un despeñadero en vez de repartírselos 120.000 pesos fuertes. Llegó el desorden a su colmo: abandonábanse hasta los cañones y los enfermos y los heridos, acrecentando la confusión el gran séquito y embarazos que solían entonces acompañar a los ejércitos ingleses. En fin fue esta retirada hecha con tal apresuramiento y mala ventura, que uno de los generales británicos, testigo de vista, nos afirma en su narración [*] (* Ap. n. [7-1].) «que por sombrías y horrorosas que fueran las relaciones que de ella se hubiesen hecho, aun no se asemejaban a la realidad.»

Dos días y una noche tardaron los ingleses en llegar a Lugo, 16 leguas de Villafranca: acosados en continuas escaramuzas hubieran padecido cerca de Constantín recio choque si el general Moore no le hubiese evitado haciendo bajar con rapidez la cuesta del río Neira y engañando a sus contrarios con un diestro y oportuno amago.

Llegan a Lugo.

Hasta poco antes había permanecido dudoso el general Moore de si iría para embarcarse a Vigo o a la Coruña. Informado de las dificultades que ofrecía la primera ruta, decidiose a continuar por la segunda, avisando en consecuencia al almirante de su escuadra, a fin de que los transportes que estaban en Vigo pasasen al otro puerto. Y para dar tiempo a que se ejecutase dicha travesía, y también para rehacer algo su ejército cansado y desfallecido, determinó el mismo general pararse en Lugo y aun arriesgar una batalla si fuese necesario. Al intento reunió allí todas sus tropas, excepto los 3000 hombres del general Crawford que se embarcaron en Vigo sin ser molestados.