Prepárase Moore
a aventurar
una batalla.

A legua y media y antes de llegar a Lugo escogió Sir Juan Moore un sitio elevado y ventajoso para pelear contra los franceses, los cuales asomaron el 6 por las alturas opuestas. Pasose aquel día y el siguiente sin otras refriegas que las de algunos reconocimientos. El mariscal Soult hallándose inferior en número, no quería empeñarse en acción formal antes de que se le uniesen más tropas. Retírase después. Los ingleses por su parte se mantuvieron hasta el 8 sin moverse de su posición; mas al anochecer de aquel día, pareciéndole peligroso al general Moore aguardar a que los franceses se reforzasen, resolvió partir a las calladas con la esperanza de que ganando sobre ellos algunas horas, podría así embarcarse sosegadamente. A las diez de la noche y encendidas hogueras en las líneas para cubrir su intento, emprendió la continuación de la marcha, que un temporal deshecho de lluvia y viento vino a interrumpir y desordenar. Después de padecer muchos trabajos y de cometer nuevas demasías, empezaron los ingleses a llegar a Betanzos en la tarde del 9 en un estado lamentable de confusión y abatimiento. Era tanta la fatiga y tan grande el número de rezagados, que tuvieron el 10 que detenerse en aquella ciudad. Llega
a la Coruña. Prosiguieron su marcha el 11 y dieron vista a la Coruña, sin que en su rada se divisasen los apetecidos transportes: vientos contrarios habían impedido al almirante inglés doblar el cabo de Finisterre. Por este atraso veíase expuesto el general Moore a probar la suerte de una batalla, causando pesadumbre a muchos de sus oficiales el que se hubiesen para ello desperdiciado ocasiones más favorables y en tiempo en que su ejército se conservaba más entero y menos indisciplinado.

Cerca de la Coruña no dejaba en verdad de haber sitios ventajosos, pero en algunos requeríanse numerosas tropas. Tal era el de Peñasquedo, por lo que los ingleses prefirieron a sus alturas las del monte Mero, que si bien dominadas por aquellas hallábanse próximas a la Coruña, y su posición como más recogida podía guarnecerse con menos gente.

El 12 empezaron los franceses a presentarse del otro lado del puente del Burgo, que los ingleses habían cortado. Continuaron ambos ejércitos sin molestarse hasta el 14, en cuyo día contando ya los franceses con suficientes tropas, repararon el puente destruido, y le fueron sucesivamente cruzando. Por la mañana se había de propósito volado un almacén de pólvora sito en Peñasquedo, lo cual produjo horroroso estrépito, y por la tarde habiéndose el viento cambiado al sur entraron en la Coruña los transportes ingleses procedentes de Vigo. Sin tardanza se embarcaron por la noche los enfermos y heridos, la caballería desmontada y 52 cañones: de estos solo se dejaron para en caso de acción ocho ingleses y cuatro españoles. No faltó en el campo británico quien aconsejara a su general que capitulase con los franceses, a fin de poder libremente embarcarse. Desechó con nobleza Sir Juan Moore proposición tan deshonrosa.

Puestos ya a bordo los objetos de más embarazo y las personas inútiles, debía en la noche del 16 y a su abrigo embarcarse el ejército lidiador. Con impaciencia aguardaba aquella hora el general inglés, cuando a las dos de la tarde un movimiento general de la línea francesa estorbó el proyectado embarco, empeñándose una acción reñida y porfiada.

Batalla
de la Coruña.

Disponiéndose a ella en la noche anterior había colocado el mariscal Soult en la altura de Peñasquedo una batería de once cañones, en que apoyaba su izquierda ocupada por la división del general Mermet, guardando el centro y la derecha con las suyas respectivas los generales Merle y Delaborde, y prolongándose la del último hasta el pueblo de Palavea de Abajo. La caballería francesa se mostraba por la izquierda de Peñasquedo hacia San Cristóbal y camino de Bergantiños: el total de fuerza ascendía a unos 20.000 hombres.

Era la de los ingleses de unos 16.000 que estaban apostados en el monte Mero, desde la ría del mismo nombre hasta el pueblo de Elviña. Por este lado se extendían las tropas de Sir David Baird, y por el opuesto que atraviesa el camino real de Betanzos las de Sir Juan Hope. Dos brigadas de ambas divisiones se situaron detrás en los puntos más elevados y extremos de su respectiva línea. La reserva mandada por Lord Paget estaba a retaguardia del centro en Eirís, pueblecillo desde cuyo punto se registra el valle que corría entre la derecha de los ingleses, y los altos ocupados por la caballería francesa. Más inmediato a la Coruña y por el camino de Bergantiños se había colocado con su división el general Fraser, estando pronto a acudir adonde se le llamase.

Trabose la batalla a la hora indicada, atacando intrépidamente el francés con intento de deshacer la derecha de los ingleses. Los cierros de las heredades impedían a los soldados de ambos ejércitos avanzar a medida de su deseo. Los franceses al principio desalojaron de Elviña a las tropas ligeras de sus contrarios; mas yendo adelante fueron detenidos y rechazados, si bien a costa de mucha sangre. La pelea se encarnizó en toda la línea. Fue gravemente herido el general Baird y Sir Juan Moore que con particular esmero vigilaba el punto de Elviña, en donde el combate era más reñido que en las otras partes: recibió en el hombro izquierdo una bala de cañón que le derribó por tierra. Aunque mortalmente herido incorporose, y registrando con serenidad el campo confortó su ánimo al ver que sus tropas iban ganando terreno. Solo entonces permitió que se le recogiese a paraje más seguro. Vivió todavía algunas horas, y su cuerpo fue enterrado en los muros de la Coruña.

Embárcanse
los ingleses.