Excesos
cometidos
por los franceses
en Uclés.

Ganado que hubieron la batalla, entraron los franceses en Uclés y cometieron con los vecinos inauditas crueldades. Atormentaron a muchos para averiguar si habían ocultado alhajas; robaron las que pudieron descubrir, y aparejando con albardas y aguaderas a manera de acémilas a algunos conventuales y sujetos distinguidos del pueblo, cargaron en sus hombros muebles y efectos inútiles para quemarlos después con grande algazara en los altos del alcázar. No contentos con tan duro e innoble entretenimiento, remataron tan extraña fiesta con un acto de la más insigne barbarie. Fue, ¡cáese la pluma de la mano! que cogiendo a 69 habitantes de los principales, y a monjas, y a clérigos, y a los conventuales Parada, Canova y Mejía, emparentados con las más ilustres familias de la Mancha, atraillados y escarnecidos los degollaron con horrorosa inhumanidad, pereciendo algunos en la carnicería pública. Sordos ya a la compasión los feroces soldados, desoyeron los ayes y clamores de más de 300 mujeres, de las que acorraladas y de montón abusaron con exquisita violencia. Prosiguieron los mismos escándalos en el campamento, y solo el cansancio, no los jefes, puso término al horroroso desenfreno.

No cupo mejor suerte a los prisioneros españoles: los que de ellos rendidos a la fatiga se rezagaban, eran fusilados desapiadadamente. Así nos lo cuenta en su obra un testigo de vista, un oficial francés, Mr. de Rocca. ¿Qué extraño pues era que nuestros paisanos cometiesen en pago otros excesos cuando tal permitían los oficiales del ejército de una nación culta?

Retirada
del duque
del Infantado.

El duque del Infantado que aunque tarde se adelantaba a Uclés, supo en Carrascosa, legua y media distante, la derrota padecida. Juntando allí los dispersos y cortas reliquias, se retiró por Horcajada a la venta de Cabrejas, en donde se decidió en consejo militar pasar a Valencia con todas las tropas. Entró el ejército en Cuenca el 14 por la noche, y al día siguiente continuó la marcha. Dirigiose la artillería por camino que pareció más cómodo para volver después a unirse en Almodóvar del Pinar; pero atollada en parte y mal defendida por otros cuerpos que acudieron en su ayuda, fue en Tórtola cogida casi toda por los franceses. Prosiguió lo restante del ejército alejándose; y desistiendo Infantado de ir a Valencia, metiose en el reino de Murcia y llegó a Chinchilla el 21 de enero. Desde aquel punto hizo nuevo movimiento, faldeando la Sierra Morena, y al cabo se situó en Santa Cruz de Mudela. Sucédele
en el mando
el conde
de Cartaojal. Allí según costumbre no cesó de idear sin gran resulta nuevos planes; hasta que en 17 de febrero fue relevado del mando por orden de la junta central y puesto en su lugar el conde de Cartaojal, que mandaba también las tropas de la Carolina.

Entrada de José
en Madrid.

Alcanzada por los franceses la victoria de Uclés, y después de obtener el permiso de Napoleón, hizo José en Madrid el 22 de enero su entrada pública y solemne. Del Pardo se encaminó por fuera de puertas a la plazuela de las Delicias, desde donde montando a caballo entró por la Puerta de Atocha, y se dirigió a la iglesia colegiata de San Isidro, tomando la vuelta por el Prado, calle de Alcalá y Carretas hasta la de Toledo. Se había preparado este recibimiento con más esmero que el anterior de julio. Estaba tendida en toda la carrera la tropa francesa; habíanse por expresa orden colgado las calles y puéstose de trecho en trecho músicas que tocaban sonatas acomodadas al caso. José rodeado de gran séquito de franceses y de los españoles que le eran adictos, mostrábase satisfecho y placentero. No dejó de ser grande el concurso de espectadores: las desgracias, amilanando los ánimos, los disponían a la conformidad; pero un silencio profundo, no interrumpido sino por alguna que otra voz asalariada, daba bastantemente a entender que las circunstancias impelían a la curiosidad, no afectuosa inclinación. Fue recibido en la iglesia de San Isidro por el obispo auxiliar y parte de su cabildo. Pronunciáronse discursos según el tiempo, díjose una misa, se cantó el Te Deum, y concluida la ceremonia se dirigió José por la plaza Mayor y calle de la Almudena a Palacio, en donde ocupándose de nuevo en el gobierno del reino, nos dará pronto ocasión de volver a hablar de él y de sus providencias.

Sucesos
de Cataluña.

Ahora es ya sazón de pensar en Cataluña. El no querer cortar el hilo de la narración en los sucesos más abultados y decisivos, nos ha obligado a postergar los de aquel principado, que si bien de grande interés y definitivamente de mucha importancia a la causa de la independencia, forman como un episodio embarazoso para el historiador, aunque gloriosísimo para aquella provincia.

Dejamos en el libro 5.º la campaña de Cataluña, a tiempo que Duhesme en el último tercio del mes de agosto se había recogido a Barcelona de vuelta de su segunda y malograda expedición de Gerona. De nuestra parte por entonces y en 1.º de septiembre La junta
del principado
se traslada
a Villafranca. el marqués del Palacio y la junta del principado se habían de Tarragona trasladado a Villafranca con objeto de estar más cerca del teatro de la guerra. Empezaron a acudir a dicha villa los tercios de toda la provincia, y se reforzó la línea del Llobregat, a cuyo paraje se había restituido desde Gerona el conde de Caldagués.