Excursiones
de Duhesme.
Con el aumento de fuerzas temió el general Duhesme que estrechando los españoles cada vez más a Barcelona, hubiese dificultad de introducir bastimentos en la plaza. Para alejar el peligro y con intento de hacer una excursión en el Panadés, partió de aquella ciudad con 6000 hombres de caballería e infantería, y atacó a los españoles en su línea al amanecer del 2 de septiembre en los puntos de Molins de Rey y de San Boi. Por el último alcanzaron los franceses conocidas ventajas; fueron por el otro rechazados. Mas receloso el de Caldagués, en vista de un movimiento de los enemigos, de que abandonando estos la embestida del puente vadeasen el río y le flanqueasen, previno oportunamente cualquier tentativa situándose en las alturas de Molins de Rey.
Los franceses no pudiendo romper la línea española del Llobregat, revolvieron del lado opuesto por donde corre el Besós, en cuyo sitio se mantenía Don Francisco Miláns. Ya aquí, y ya en todos los puntos alrededor de Barcelona hubo en septiembre y octubre muchas escaramuzas y aun choques, entre los que fue grave el acaecido en San Cugat del Vallés, principalmente por el respeto que infundió al enemigo, obligándole a no alejarse de los muros de Barcelona. También contribuyeron a ello los refuerzos que llegaron a los españoles sucesivamente de Portugal, Mallorca y otras partes, de algunos de los cuales ya hemos hecho mención.
Vives, sucesor
del marqués
del Palacio.
El gobierno interior de Cataluña se mejoraba cada día por el esmero y cuidado de la junta. Habíase solo levantado grande enemistad contra el marqués del Palacio, o porque las calidades de general no correspondiesen en él a su patriotismo, o más bien porque en aquellos tiempos arduos no siendo dado caminar en la ejecución al son de la impaciencia pública, perdíase la confianza y el buen nombre con la misma rapidez, y a veces tan infundadamente como se había adquirido. Los clamores de la opinión catalana obligaron a la junta central a llamar al marqués del Palacio, poniendo en su lugar al capitán general de Mallorca Don Juan Miguel de Vives, quien tomó el mando el 28 de octubre.
Ejército español
de Cataluña.
Su fuerza.
Teniendo este a su disposición fuerzas más considerables, coordinó nuevamente su ejército, y según lo resuelto por la central le denominó de Cataluña o de la derecha. Constaba en todo de 19.551 infantes, 780 caballos y 17 piezas, dividido en vanguardia, cuatro divisiones y una reserva. De estas fuerzas destinó Vives la vanguardia, al mando de Don Mariano Álvarez, a observar al enemigo en el Ampurdán, y las restantes las conservó consigo para bloquear a Barcelona, a donde se aproximó el 3 de noviembre, sentando su cuartel general en Martorell, cuatro leguas distante.
Situación
de Barcelona.
Los apuros en aquella plaza del general francés Duhesme crecían en extremo: el número de sus tropas, que antes era de 10.000 hombres, menguaba con la deserción y las enfermedades. De nadie podía fiarse. El disgusto y descontento de los barceloneses tocaba a sus ojos en abierta rebelión. Los habitantes más principales huían a causa de las contribuciones exorbitantes que había impuesto; teniendo que acudir a confiscar los bienes para evitar la emigración. Más tarde, cuando apretó la escasez, si bien permitió la salida de Barcelona, permitiola con condiciones rigurosas, dando pasaportes a los que abonaban cuatro meses anticipados de contribución, y aseguraban con fianza el pago de los demás plazos. Fue después adelante en usar sin freno de medidas arbitrarias, declarando a Barcelona en estado de sitio. Opúsose a ello el conde de Ezpeleta, por lo que se le puso preso, quitándole la capitanía general que solo en nombre había conservado. Como más antiguo le sucedió Don Galcerán de Villalba, que en secreto se entendía con las autoridades patrióticas del principado. Los oficiales españoles que había dentro de la plaza rehusaron después reconocer el gobierno de Napoleón prefiriendo a todo ser prisioneros de guerra: lo mismo hicieron los que eran extranjeros, excepto Mr. Wrant d’Amelin, que en premio recibió el gobierno de Barcelona. Ejerciose la policía con particular severidad, prestándose a tan villano servicio un español llamado Don Ramón Casanova, sin que por eso se pudiese impedir que muchos y a las calladas se escapasen. Tantas molestias y tropelías eran en sumo grado favorables a la causa de la independencia.
Tentativas
de Vives contra
aquella plaza.