Contando sin duda con el influjo de aquellas y con secretos tratos, insistió el general Vives en estrechar a Barcelona, y aun proyectó varios ataques. Fue el más notable el que se dio en 8 de noviembre, aunque no tuvo ni resulta ni se le consideró tampoco bien meditado. Sin embargo la proximidad del ejército español puso en tal desasosiego a los franceses, que en la misma mañana del 8 desarmaron al segundo batallón de guardias valonas como adicto a los llamados insurgentes.

Desaprobaban los hombres entendidos la permanencia de Vives en las cercanías de Barcelona, y con razón juzgándola militarmente; pues para formalizar el sitio no se estaba preparado, y para rendir por bloqueo la plaza se requería largo tiempo. Creían que hubiera sido más conveniente dejar un cuerpo de observación que con los somatenes contuviese al enemigo en sus excursiones, y adelantarse a la frontera con lo demás del ejército, impidiendo así la toma de Rosas y la facilidad que ella daba de proveer por mar a Barcelona. Vino en apoyo de tan juicioso dictamen lo que sucedió bien pronto con el refuerzo que entró en el principado al mismo tiempo que por el Bidasoa hacían los franceses su principal irrupción.

Entrada
de Saint-Cyr
en Cataluña.

Según insinuamos al hablar de esta, fue destinado el 7.º cuerpo a domeñar la Cataluña. Debía formarse con las tropas que allí había a las órdenes de los generales Duhesme y Reille y con otras procedentes de Italia, al mando de los generales Souham, Pino y Chabert. Todas estas fuerzas reunidas ascendían a 25.000 infantes y 2000 caballos, compuestas de muchas naciones y en parte de nueva leva. Capitaneábalas el general Gouvion Saint-Cyr. Entró este en Cataluña al principiar noviembre, estableciendo el 6 en Figueras su cuartel general. Fue su primer intento poner sitio a Rosas, y encargado de ello el general Reille le comenzó el día 7 del mencionado mes.

Sitio de Rosas.

Pensó el general Saint-Cyr que convenía apoderarse de aquella plaza, porque abrigados los ingleses de su rada impedían por mar el abastecimiento de Barcelona, que no era hacedero del lado de tierra a causa de la insurrección del país. Hubo quien le motejase, sentando que en una guerra nacional como esta era de temer que con la tardanza pudieran los españoles por medio de secretos tratos sorprender a Barcelona apretada con la escasez de víveres. Napoleón juzgaba tan importante la posesión de esta plaza, que el solo encargo que hizo a Saint-Cyr a su despedida en París fue el de conservar a Barcelona;[*] (* Ap. n. [7-3].) «porque si se perdiese [decía] serían necesarios 80.000 hombres para recobrarla.» Sin embargo aquel general prefirió comenzar por sitiar a Rosas.

Está situada dicha villa a las raíces del Pirineo y a orillas del golfo de su nombre. Tenía de población 1200 almas. No cubría su recinto sino un atrincheramiento casi abandonado desde la guerra de la revolución de Francia. Consistía su principal fortaleza en la ciudadela, colocada al extremo de la villa, y que aunque desmantelada quísose apresuradamente poner en estado de defensa, consiguiendo al cabo montar 36 piezas: su forma es la de un pentágono irregular con foso y camino cubierto, y sin otras obras a prueba que la iglesia, habiendo quedado inservibles desde la última guerra los cuarteles y almacenes. A la opuesta parte de la ciudadela y a 1100 toesas de la villa en un repecho de las alturas llamadas Puig Rom, término por allí de los Pirineos, se levanta el fortín de la Trinidad en figura de estrella, de construcción ingeniosa pero dominado a corta distancia.

Honrosa
resistencia
de los españoles.

Con tan débiles reparos y en el estado de ruina de varias de sus obras, hubiérase en otra ocasión abandonado la defensa de la plaza: ahora sostúvose con firmeza. Era gobernador Don Pedro O’Daly: constaba la guarnición de 3000 hombres; se despidió la gente inútil, recompúsose algo el atrincheramiento destruido y se atajaron con zanjas las bocacalles. Favorecía a los sitiados un navío de línea inglés y dos bombarderas que estaban en la bahía.

La división del general Reille unida a la italiana de Pino se había acercado a la plaza, componiendo juntas unos 7000 hombres. Además el general Souham para cubrir las operaciones del sitio y observar a Álvarez que estaba con la vanguardia en Gerona, se situó con su división entre Figueras y el Fluviá, y ocupó La Junquera con dos batallones el general Chabert.