Se había lisonjeado el francés Reille de tomar por sorpresa a Rosas: así lo deseaba su general en jefe solícito de acudir al socorro de Barcelona y temeroso de la deserción que empezaba a notarse en la división italiana de Pino. De esta fueron cogidos por los somatenes varios soldados, y el general Saint-Cyr que presumía de humano envió en rehenes a Francia hasta el canje igual número de habitantes, prefiriendo este medio al de quemar los pueblos, antes usado por sus compatriotas. Mas los catalanes consideraron la nueva medida como más injusta, imaginándose que los enviaban a servir al norte.

Desde el 7 de noviembre que aparecieron los franceses delante de Rosas, y en cuyo día los españoles hicieron una vigorosa salida, sobreviniendo copiosas lluvias no pudieron los primeros traer su artillería ni empezar sus trabajos hasta el 16. Entonces resolvió el general Saint-Cyr embestir simultáneamente la ciudadela y el fortín de la Trinidad. Emprendiose el ataque de aquella por el baluarte llamado de la plaza, del lado opuesto a la villa, y por donde se ejecutó también la acometida en el sitio del año de 1795, al cual había asistido el general enemigo Sanson, jefe ahora de los ingenieros.

Continuaron los trabajos por esta parte hasta el 25. Aquel día dueños los franceses de un reducto, cabeza del atrincheramiento que cubría la villa, pensaron que sería conveniente apoderarse de esta para atacar después la ciudadela por el frente comprendido entre los baluartes de Santa María y San Antonio. Fue entrada la villa en la noche del 26 al 27 a pesar de porfiada resistencia: de 500 hombres que la defendían 300 quedaron muertos, 150 fueron hechos prisioneros; pudieron los otros salvarse. El enemigo intimó entonces la rendición a la ciudadela; contestósele con la negativa.

Al mismo tiempo el fortín de la Trinidad fue desde el 16 bizarramente defendido por su comandante Don Lotino Fitzgerald. Los ingleses juzgando inútil la resistencia habían retirado la gente que dentro habían metido; pero llegando poco después el intrépido Lord Cochrane con amplias facultades del almirante Collingwood, reanimó a los españoles entrando en el fuerte con unos 80 hombres, y unidos todos rechazaron el 30 el asalto de los enemigos que creían practicable la brecha.

La guarnición de Rosas había vivido esperanzada de que se la socorrería por tierra; mas limitose el auxilio a un movimiento que el 24 hizo la vanguardia al mando de Don Mariano Álvarez: cruzó este el Fluviá y arrolló al principio los puestos avanzados de los franceses, que rehechos repelieron después a los nuestros, cogiendo prisionero al 2.º comandante Don José Lebrun. Serenado el general Saint-Cyr con esto y con ver que el ejército español de Vives no avanzaba según temía, trató de acabar prontamente el sitio de la ciudadela de Rosas.

Capitulación
de Rosas.

Dirigíase el principal ataque contra la cara derecha del baluarte de Santa María, y los trabajos prosiguieron con ardor en los días 1.º y 2.º, en que inútilmente intentaron los sitiados hacer una salida. Por fin el 5, estando la brecha practicable, y después de 29 días de asedio, capituló honrosamente el gobernador quedando la guarnición prisionera de guerra. Tuvo mayor ventura Don Lotino Fitzgerald comandante del fortín de la Trinidad, habiéndose embarcado él y su gente con la ayuda y diligencia de Lord Cochrane, quien tal vez hubiera del mismo modo salvado la guarnición de la ciudadela si hubiera sido comodoro del apostadero inglés.

Avanza
Saint-Cyr camino
de Barcelona.

Desembarazado el general Saint-Cyr del sitio de Rosas, se adelantó a socorrer a Barcelona con 15.000 infantes y 1500 caballos, después de haber dejado en el Ampurdán la división del general Reille. Hubiera corrido riesgo el general francés de ser detenido en el camino, si D. Juan de Vives en vez de mantener sus tropas en derredor de Barcelona, le hubiera salido al encuentro en alguno de los sitios oportunos del tránsito: Vives
y las divisiones
de Reding
y Lazán. cosa tanto más hacedera cuanto después de sus infructuosas tentativas sobre Barcelona se le habían agregado en noviembre las divisiones de Granada y Aragón y otros cuerpos sueltos. Constaba la primera, al mando de Don Teodoro Reding, de 11.700 infantes y 670 caballos, y la segunda de unos 4000 hombres regidos por el marqués de Lazán, quien pasó a engrosar la vanguardia después de lo acaecido el 24 en las riberas del Fluviá.

Insistía el general Vives en acometer a Barcelona estimulado también por las ofertas de los comandantes de las fuerzas navales inglesas apostadas delante del puerto. Estas hicieron el 19 de noviembre un fuego vivísimo contra la plaza, Orden singular
dada por Lecchi
en Barcelona. cuyos habitantes a pesar del daño que recibían estaban alborozados y palmoteaban desde sus casas al ver la pesadumbre que el ataque causaba a los franceses: lo cual irritando sobremanera al comandante Lecchi, prohibió a los habitantes asomarse a las azoteas en días de refriega.