Trata Vives
de seducirle a él
y a otros.

Mal informado el general Vives dirigió a dicho general Lecchi y al español Casanova proposiciones de acomodamiento si le dejaban entrar en la plaza. Las desecharon ambos, notándose en la respuesta de Lecchi la dignidad conveniente. Creyeron sin embargo algunos que sin la pronta llegada del general Saint-Cyr, y conducida de otra manera la negociación, quizá no hubiera esta sido infructuosa.

Ataques de Vives
el 26 y 27
de noviembre
en las cercanías
de Barcelona.

Don Juan Vives resolvió repetir el 26 el ataque que había emprendido el 8. Ejecutado esta vez con mayor felicidad fueron los franceses rechazados hasta Barcelona, y se cogieron prisioneros 104 hombres que defendían la favorable posición de San Pedro mártir. Prosiguieron las ventajas el 27, adelantándose el cuartel general a San Feliú de Llobregat, a legua y media de Barcelona. Desde donde, y con deseo siempre de estrechar al enemigo, Del 5
de diciembre. se le acometió de nuevo el 5 de diciembre, consiguiendo clavar los cañones y destruir las obras que había formado en la falda de Monjuich.

Pero eran cortas estas ventajas al lado de las que hubieran podido alcanzarse yendo en busca de Saint-Cyr. Sacrificose todo al deseo de enseñorearse de la capital del principado. Reding y Vives
van al encuentro
de Saint-Cyr. Sin embargo en la noche del 11 de diciembre sabedor Vives de que aquel general se había movido el 8 con señales de ir la vuelta de Barcelona, mandó a Don Teodoro Reding que se adelantase hacia Granollers. Recibiéndose posteriormente confirmación del primer aviso, se celebró un consejo de guerra, en el que variando según costumbre los pareceres, no se siguió el de Caldagués que era el más acertado, y según el cual debiera haberse ido al encuentro de Saint-Cyr con la mayor parte de las fuerzas, dejando delante de Barcelona 4000 hombres bien atrincherados. Resolviose pues lo contrario, y solo salió Vives con algunas tropas a unirse a Reding. Ambos generales juntaron 8000 hombres, agregándoseles además los somatenes. Al propio tiempo se previno al marqués de Lazán que separándose de la vanguardia que estaba en Gerona, siguiese la huella del francés, sin atacarle por la espalda hasta que el mismo Vives lo hiciese por el frente, y al coronel Miláns que se apostase con cuatro batallones en Coll-Sacreu para molestar al enemigo si quería echarse del lado de la marina, o si no concurrir con los demás a la acción general que se esperaba.

Continúa
Saint-Cyr
su marcha.

Apremiado el general Saint-Cyr con la urgente necesidad de socorrer a Barcelona, no se empeñó en combatir al marqués de Lazán, quien por su parte esquivó también todo serio reencuentro. En seguida maniobró el general francés para disfrazar su intención, y el 11 preparose a marchar con rapidez y sin embarazos. Así fue que enviando a Figueras la artillería, repartió a sus soldados víveres para cuatro días, distribuyoles a razón de 50 cartuchos, y llevó 150.000 de reserva a lomo de acémilas. El 12 abrió la marcha desde La Bisbal, teniendo en el camino algunos choques con los miqueletes de Don Juan Clarós. Enderezose a Hostalrich, y al llegar a las alturas que le dominan con gran júbilo vio que Vives ni se había aún adelantado hasta allí, ni ocupado las gargantas del río Tordera, en cuyas estrechuras bastando un corto número de hombres para detener a los suyos, hubieran en breve consumido las municiones que consigo traían.

Continuó el general Saint-Cyr su marcha, y el 15 para librarse de los fuegos de Hostalrich, dio vuelta a la plaza por un sendero agrio y desconocido, tornando luego a tomar el camino de Barcelona. Salió de Vallgorguina a incomodarle el coronel Miláns, viéndose el general francés obligado a retardar su marcha a causa de las cortaduras practicadas en el desfiladero de treinta pasos. Mas vencidos los obstáculos acampó ya por la noche su ejército al raso a una legua del que mandaba Vives, quien pasando el Cardedeu se había colocado en ventajoso puesto entre Llinas y Villalba. La situación de los franceses, a pesar de las faltas que cometieron los nuestros, no dejaba de ser crítica. Por su frente tenían a Vives, flanqueábalos Miláns a su izquierda, y detrás los seguían Clarós y Lazán. Estaban privados de artillería, escaseábanles los víveres, solamente les quedaban municiones para una hora, y eran sus tropas un conjunto de soldados nuevos de varias naciones. Si Vives hubiera sabido aprovecharse de tales ventajas, quizá se hubiera repetido aquí la jornada de Bailén, y calificádose de intempestivo y temerario el movimiento del general Saint-Cyr, que por su buen éxito mereció el nombre de atrevido y sabio.

Batalla de Llinas
o Cardedeu.

Amaneció el 16 de diciembre, y el general español aguardaba a sus contrarios colocado en la loma que se levanta después de Cardedeu y Villalba, y termina en la Riera de la Roca. En lo más elevado de ella y a la derecha del camino real situó cinco piezas, dejando dos a la izquierda. Formó su columna en batalla, y desplegó sobre la derecha, que mandaba Reding, ocupando el costado opuesto de la línea el somatén de Vic. Como el objeto del general francés era pasar a toda costa, decidió combatir en una sola columna que rompiese por medio de los españoles. Comenzó el ataque la división de Pino con orden expresa de no desviarse de lo resuelto por el general en jefe, pero en contravención a ello habiendo una de sus brigadas desplegado sobre la izquierda, hubo de comprometer a los franceses en una refriega que hubiera sido su perdición a haberse prolongado. El peligro fue para ellos grande durante algún tiempo. La brigada que había desplegado no solo fue rechazada, mas también ahuyentada, y destrozado uno de sus regimientos por el de Húsares españoles, a cuyo frente estaba el coronel Ibarrola, quedando prisioneros 2 jefes, 15 oficiales y unos 200 soldados. Acudió pronto y oportunamente al remedio el general Saint-Cyr.