De un lado hizo que la división Souham contuviese la brigada puesta en desorden, al mismo tiempo que de otro amenazaba la izquierda española, que era la parte más flaca y desguarnecida, disponiendo igualmente que el general Pino con la 2.ª brigada prosiguiese el ataque en columna, y rompiese nuestra línea. Ejecutada la operación a un tiempo y en buena sazón, Son derrotados
los españoles. se cambió la suerte de las armas, y el ejército español fue envuelto y puesto en derrota. Perdiéronse cinco de los siete cañones que había, salvándose los dos por la actividad y presencia de ánimo del teniente Ulzurrun. Nuestra pérdida fue de 500 muertos y de 1000 entre heridos y prisioneros. Mayor la de los franceses, por el daño que al principio experimentaron de la artillería española. Salvose el general Vives a pie y por sendas extraviadas, y el general Reding ayudado de la velocidad de su caballo pudo juntarse a una columna de infantería y caballería que con el mayor orden se retiró por el camino de Granollers a San Cugat. Se retiran
al Llobregat. Allí tomó el mando interinamente dicho general, y se acogió a la derecha del Llobregat, a donde se transfirió el conde del Caldagués, quien aunque salvó la artillería y municiones, tuvo por la priesa que abandonar los inmensos acopios almacenados en Sarriá, los cuales sirvieron de mucho al enemigo. El marqués de Lazán que no tomó parte en la batalla, retrocedió después a Gerona, y el coronel Miláns se mantuvo en Arenys algunos días sin ser molestado.

Graves y desgraciadas fueron las resultas de la acción de Llinas o Cardedeu, no tanto por la pérdida de una parte del ejército y por el socorro que introdujeron los franceses en Barcelona, cuanto por el desánimo que causó en los españoles, y los alientos que comunicó a los bisoños y mal seguros soldados del enemigo.

Llega Saint-Cyr
a Barcelona.

Llegó el general Saint-Cyr el 17 delante de Barcelona. No reinaba entre él y el general Duhesme el mejor acuerdo, mostrándose este descontento con recibir un jefe superior, y al que luego se dirigieron quejas y reclamaciones. Por entonces ansioso Saint-Cyr de perseguir a los españoles no tomó acerca de ellas providencia, Avanza
al Llobregat. y el 20 después de haber dado a sus tropas dos días de descanso, salió para el Llobregat y se situó en la margen izquierda, reforzado su ejército con cinco batallones de la división del general Chabran.

Situación
de los españoles.

Al otro lado habían reunido los españoles el suyo que con la derrota del 16 y dispersión que ella causó en todas las tropas no ascendía arriba de 10.000 infantes y 900 caballos con artillería numerosa. Allí llegó el general Vives que se había embarcado en Mataró, y que después de aprobar las medidas tomadas en su ausencia pasó a Villafranca para obrar en unión con la junta del principado.

Luego que se alejó asomaron los franceses, e indeciso Don Teodoro Reding de si se retiraría o no, consultó al general en jefe que tardó en contestar, haciéndolo al fin de un modo ambiguo, lo cual decidió al primero a sostenerse en su puesto. El ejército español estaba atrincherado en la margen derecha del Llobregat, en las colinas en que rematan las alturas de Ordal, extendiéndose desde San Vicente hasta Pallejá. Mandaba la derecha el brigadier D. Gaspar Gómez de la Serna, la izquierda el mariscal de Campo Cuadrado, manteniéndose Reding juntamente con Caldagués en uno de los reductos que habían levantado en el camino real de Valencia.

Batalla
de Molins de Rey.

El enemigo al alborear del 21 empezó su ataque. Apostose el general Chabran en Molins de Rey, que estaba a la derecha de los franceses, y de donde la batalla tomó el nombre; vadeando la división del general Pino el Llobregat por San Feliú, al tiempo que Souham con su tropa le cruzaba por San Juan del Pi. Habían en un principio creído los españoles que su izquierda sería la primera atacada, mas cerciorados de lo contrario mejoraron su posición, haciendo los peones acertado fuego. El desaliento no obstante era grande desde la acción de Llinas, y no había corrido suficiente tiempo para que se borrase en la mente del soldado tan funesta impresión. Envolvieron los enemigos la derecha española; arrojáronla sobre el centro, y cayendo unos y otros sobre la izquierda, ya no hubo sino desconcierto, acorralados los nuestros contra el puente de Molins de Rey. Derrota
de los españoles
y tristes resultas. A las diez de la mañana llegó Vives solamente para presenciar la destrucción de los suyos. El ejército español estuvo muy expuesto a ser del todo cogido por los franceses, a no haberse los soldados desbandado y tirado cada uno por donde encontró salida. Fue considerable nuestra pérdida, principalmente de jefes: el brigadier la Serna murió en Tarragona de las cuchilladas recibidas; el de Caldagués cayó prisionero y lo mismo varios coroneles. Quedó en poder de los contrarios toda la artillería.

Por loable que fuera el deseo que animaba al general Reding, con razón debió tacharse de extrema imprudencia el aventurar una acción con un ejército que además de novel, acababa pocos días antes de ser deshecho y en parte disperso. Así fue que el general Saint-Cyr maniobrando con sumo arte, sin grande esfuerzo desbarató completamente nuestras filas atropellándose unos soldados sobre otros. Aciagas y de trascendencia fueron las resultas. Perdiéronse las armas que arrojaron los infantes, se abandonaron los cuantiosos almacenes que había en el Llobregat, en Villafranca de Panadés y en Villanueva de Sitges, y en fin, deshízose enteramente el ejército. Cataluña quedó casi toda ella a merced del vencedor, que no solo forzó el paso del Bruch para él tan ominoso, sino que también derramó por todas partes el espanto y la desolación.