Unidos en Alagón el 19 de diciembre los mencionados tercero y quinto cuerpo, presentáronse el 20 delante de Zaragoza, uno por la ribera derecha del Ebro, otro por la izquierda. Antes de formalizar el sitio pensó el mariscal Moncey general en jefe por ausencia de Lannes, en apoderarse del monte Torrero, que resguardaba con 5000 hombres Don Felipe Saint-March. El mariscal
Moncey
se apodera del
monte Torrero. Para ello al amanecer del 21 coronaron sus tropas las alturas que dominan aquel sitio, al mismo tiempo que distrayendo la atención por nuestra izquierda, se enseñorearon, por la derecha, del puente de la Muela y de la Casa Blanca. Desde allí flanquearon la batería de Buena Vista, en la que volándose un repuesto de granadas con una arrojada por los enemigos, causó desorden y obligó a los nuestros a abandonar el puesto. Entonces Saint-March descubierto por su derecha pegó fuego en Torrero al puente de América, y se replegó al reducto del Pilar, en donde repelidos los enemigos tuvieron que hacer alto. De mal pronóstico era para la defensa de Zaragoza la pérdida de Torrero: en el anterior sitio igual hecho había costado la vida al oficial Falcó: en el actual avínole bien a Saint-March para no ser perseguido la particular protección de Palafox.

Son rechazados
los franceses
en el Arrabal.

Compensose en algo este golpe con lo acaecido en el Arrabal el mismo día. Queriendo tomarle el general Gazan empezó por acometer a los suizos del ejército español que estaban en el camino de Villamayor: superior en número los obligó a retirarse a la torre del Arzobispo, en donde si bien se defendieron con el mayor valor, dándoles ejemplo su jefe Don Adriano Walker, quedaron allí los más muertos o prisioneros. Animados los franceses embistieron tres de las baterías del Arrabal, en cuyo paraje mandaba Don José Manso. Durante cinco horas persistieron en sus acometidas. Infructuosamente llegaron algunos hasta el pie de los cañones del Rastro y el Tejar. El coronel de artillería Don Manuel Velasco que dirigía los fuegos, cubriose aquel día de gloria por su acierto y bizarra serenidad. Mucho igualmente influyó con su presencia Don José de Palafox, que acudía adonde mayor peligro amagaba. El éxito fue muy feliz para los españoles, y el haber sido rechazado el enemigo, así en este como en otros puntos, comunicó aliento a los aragoneses, Intimación
a la plaza.
(* Ap. n. [7-4].) y convenció al francés que tampoco en esta ocasión sería ganada de rebate la ciudad de Zaragoza. Por eso recurrió igualmente el mariscal Moncey a la vía de la negociación; mas Palafox desechó su propuesta con ánimo levantado y arrogante.[*]

Bloqueo
y ataques
que preparan
los franceses.

Los franceses trataron entonces de establecer un riguroso bloqueo. Del lado del Arrabal el general Gazan inundó el terreno para impedir las salidas de los sitiados, los cuales el 25 al mando de Don Juan O’Neille desalojaron a los enemigos del soto de Mezquita, obligándolos a retirarse hasta las alturas de San Gregorio. Por la derecha del río propuso el general Lacoste tres ataques, uno contra la Aljafería, y los otros dos contra el puente de Huerva y convento de San José, punto que miraban los enemigos como más flaco por no haber detrás en el recinto de la plaza muro terraplenado. Empezaron a abrir la trinchera en la noche del 29 al 30 de diciembre.

Salida del
general Butrón.

Notando los españoles que avanzaban los trabajos de los sitiadores, se dispusieron el 31 a hacer una salida mandada por el brigadier Don Fernando Gómez de Butrón. Fingiose un ataque en todo lo largo de la línea, enderezándose nuestra gente a acometer la izquierda enemiga. Mas advertido Butrón de que por la llanura que se extiende delante de la Puerta de Sancho se adelantaba una columna francesa, prontamente revolvió sobre ella, y dándole una carga con la caballería la arrolló y cogió 200 prisioneros. Palafox para estimular a la demás tropa, y borrar la funesta impresión que pudieran causar las tristes noticias del resto de España, recompensó a los soldados de Butrón con el distintivo de una cruz encarnada.

Reemplaza
Junot a Moncey.

El 1.º de enero reemplazó en el mando en jefe al mariscal Moncey el general Junot duque de Abrantes. En aquel día los sitiadores para adelantarse salieron de las paralelas de derecha y centro, perdiendo mucha gente, Sale Mortier
para Calatayud. y el mariscal Mortier, disgustado del nombramiento de Junot, partió para Calatayud con la división del general Suchet, lo cual disminuyó momentáneamente las fuerzas de los franceses.

Empieza
el bombardeo.
Ataques contra
San José y
reducto del Pilar.