Fue nombrado para ir al cuartel general francés Don Pedro María Ric con otros vocales. Recibiolos aquel mariscal con desdén y aun desprecio, censurando agriamente y con irritación la conducta de la ciudad, por no haber escuchado primero sus proposiciones. Amansado algún tanto con prudentes palabras de los comisionados, añadió Lannes, «respetaranse las mujeres y los niños, con lo que queda el asunto concluido.» «Ni aun empezado, replicó prontamente mas con serenidad y firmeza Don Pedro Ric, eso sería entregarnos sin condición a merced del enemigo, y en tal caso continuará Zaragoza defendiéndose, pues aún tiene armas, municiones, y sobre todo puños.»
Capitulación.
No queriendo sin duda el mariscal Lannes compeler a despecho ánimos tan altivos, reportose aun más, y comenzó a dictar la capitulación. En vano se esforzó Don Pedro Ric por alterar alguna de sus cláusulas o introducir otras nuevas. Fueron desatendidas las más de sus reclamaciones. Sin embargo instando para que por un artículo expreso se permitiese a Don José de Palafox ir a donde tuviese por conveniente, Palabra
que da Lannes. replicó Lannes que nunca un individuo podía ser objeto de una capitulación; pero añadió que empeñaba su palabra de honor de dejar a aquel general entera libertad, así como a todo el que quisiese salir de Zaragoza. Estos pormenores, que es necesario no echar en olvido, han sido publicados en una relación impresa por el mismo Don Pedro María Ric, de cuya boca también nosotros se los hemos oído repetidas veces, mereciendo su dicho entera fe, como de magistrado veraz y respetable.
Firma la junta
la capitulación.
La junta admitió y firmó el 20 la capitulación, airándose Lannes de que pidiese nuevas aclaraciones; mas de nada sirvió ni aun lo estipulado. Quebrántase
por los franceses
horrorosamente. En aquella misma noche la soldadesca francesa saqueó y robó; y si bien pudieran atribuirse tales excesos a la dificultad de contener al soldado después de tan penoso sitio, no admite igual excusa el quebrantamiento de otros artículos, ni la falta de cumplimiento de la palabra empeñada de dejar ir libre a Don José de Palafox. Maltrato
dado a Palafox. Moribundo sacáronle de Zaragoza, a donde tuvieron que volverle por el estado de postración en que se hallaba. Apenas restablecido lleváronle a Francia, y encerrado en Vincennes padeció hasta en 1814 durísimo cautiverio.
Muerte
de prisioneros,
de Boggiero
y Sas.
Fueron aun más allá los enemigos en sus demasías y crueldades. Despojaron a muchos prisioneros, mataron a otros y maltrataron a casi todos. Tres días después de la capitulación, a la una de la noche, llamaron de un cuarto inmediato al de Palafox, donde siempre dormía, a su antiguo maestro el padre Don Basilio Boggiero, y al salir se encontró con el alcalde mayor Solanilla, un capitán francés y un destacamento de granaderos que le sacaron fuera sin decirle a dónde le llevaban. Tomaron al paso al capellán Don Santiago Sas, que se había distinguido en el segundo sitio tanto como en el anterior, despidieron a Solanilla, y solos los franceses marcharon con los dos presos al puente de Piedra. Allí matáronlos a bayonetazos, arrojando sus cadáveres al río. Hirieron primero a Sas, y no se oyó de su boca como tampoco de la de Boggiero otra voz que la de animarse recíprocamente a muerte tan bárbara e impensada. Contolo así después y repetidas veces el capitán francés encargado de su ejecución, añadiendo que el mariscal Lannes le había ordenado los matase sin hacer ruido. ¡Atrocidad inaudita! A tal punto el vencedor atropelló en Zaragoza las leyes de la guerra y los derechos sagrados de la humanidad.
La capitulación se publicó en la Gaceta de Madrid de 28 de febrero,[*] (* Ap. n. [7-5].) nunca en los papeles franceses, sin duda para que se creyese que se había entregado Zaragoza a merced del conquistador, y disculpar así los excesos: como si con capitulación o sin ella pudieran permitirse muchos de los que se cometieron.
Entrada
de Lannes
en Zaragoza.
Fue nombrado el general Laval gobernador de Zaragoza. Hizo el 5 de marzo su entrada solemne Lannes, recibiéndole en la iglesia de nuestra Señora del Pilar P. Santander. el padre Santander, obispo auxiliar, que ausente en los dos sitios volvió a Zaragoza a celebrar el triunfo de los enemigos de su patria. (* Véase
Ap. n. [7-6].)
Junot sucede
otra vez
a Lannes. Del joyero de aquel templo se sacaron las más preciosas alhajas, pasando a manos de los principales jefes franceses bajo el nombre de regalos que hacía la junta.[*] El mariscal Lannes permaneció en Zaragoza hasta el 14 de marzo que partió a Francia sucediéndole por entonces en el mando el general Junot, duque de Abrantes.