HISTORIA
DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO OCTAVO.
José en Madrid.
Habiendo la suerte favorecido tan poderosamente las armas francesas, pareció a muchos estar ya afianzada la corona de España en las sienes de José Bonaparte. Aumentose así el número de sus parciales, y ora por este motivo, y ora sobre todo por exigirlo el conquistador, acudieron sucesivamente a la corte a felicitar al nuevo rey diputaciones de los ayuntamientos y cuerpos de los pueblos sojuzgados. Felicitaciones. Esmeráronse algunas en sus cumplidos, y no quedaron en zaga las que representaban a los cabildos eclesiásticos y a los regulares, con la esperanza sin duda estos de parar el golpe que los amagaba. Mostráronse igualmente adictos varios obispos, y en tanto grado que dio contra ellos un decreto la junta central,[*] (* Ap. n. [8-1].) coligiéndose de ahí que si bien la mayoría del clero español como la de la nación estuvo por la causa de la independencia, no fue exclusivamente aquella clase ni el fanatismo, según queda ya apuntado, la que le dio impulso, sino la justa indignación general. Corrobórase esta opinión al ver que entre los eclesiásticos que abrazaron el partido de José, contáronse muchos de los que pasaban plaza de ignorantes y preocupados. Tan cierto es que en las convulsiones políticas el acaso, el error, el miedo colocan como a ciegas en una y otra parcialidad a varios de los que siguen sus opuestas banderas: motivos que reclaman al final desenlace recíproca indulgencia.