El conde de Cartaojal había sentado su cuartel general en Ciudad Real; extendíase la caballería hasta Manzanares ocupando a Daimiel, Torralba y Carrión, y la infantería se alojaba a la izquierda y a espaldas de Valdepeñas. Don Francisco Abadía, cuartel-maestre, y los jefes de las divisiones trabajaron a porfía en ejercitar la tropa, pero faltaba práctica en la guerra y mayor conocimiento de las grandes maniobras.

Avanza Cartaojal
y se retira.

Comenzó Cartaojal a moverse por su frente y avanzó el 24 de marzo hasta Yébenes. Allí Don Juan Bernuy que mandaba la vanguardia, atacó a un cuerpo de lanceros polacos, el cual queriendo retirarse por el camino de Orgaz, tropezó con el vizconde de Zolina, que le deshizo y cogió unos cuantos prisioneros. Mas entonces informado Cartaojal de que los franceses venían por otro lado a su encuentro con fuerzas considerables, en vano trató de recogerse a Consuegra, ocupada ya la villa por los enemigos. Sorprendido de que le hubiesen atajado así el paso volvió precipitadamente por Malagón a Ciudad Real, en donde entró en 26 a los tres días de su salida, y después de haber inútilmente cansado sus tropas.

Acción
de Ciudad Real.

Habían los franceses juntado a las órdenes del general Sebastiani, sucesor en el mando del 4.º cuerpo del mariscal Lefebvre, 12.000 hombres de infantería y caballería, de los cuales divididos en dos trozos había tomado uno por el camino real de Andalucía, en tanto que otro partiendo de Toledo seguía por la derecha para flanquear y envolver a los españoles que confiadamente se adelantaban. No habiendo alcanzado su objeto, acosaron a los nuestros y los acometieron el 27 por todas partes. Desconcertado Cartaojal, sin tomar disposición alguna dejó en la mayor confusión sus columnas, que rechazadas aquel día y el siguiente en Ciudad Real, el Viso, Visillo y Santa Cruz de Mudela, fueron al cabo desordenadas, apoderándose el enemigo de varias piezas de artillería y muchos prisioneros. Las reliquias de nuestro ejército se abrigaron de la sierra y prontamente empezaron a juntarse en Despeñaperros y puntos inmediatos. Situose el cuartel general en Santa Elena y los franceses se detuvieron en Santa Cruz de Mudela, aguardando noticias del mariscal Victor, que al propio tiempo maniobraba en Extremadura.

Ejército
de Extremadura.

Encargado el general Cuesta en diciembre del ejército que se había poco antes dispersado en aquella provincia, trató con particular conato de infundir saludable terror en la soldadesca desmandada y bravía desde el asesinato del general San Juan, y de reprimir al populacho de Badajoz, desbocado con las desgracias que allí ocurrieron al acabar el año. Y cierto que si a su condición dura hubiera entonces unido Cuesta mayor conocimiento de la milicia, y no tanto apresuramiento en batallar, con gran provecho de la patria y realce suyo hubiera llevado a término importantes empresas. A su solo nombre temblaba el soldado, y sus órdenes eran cumplidas pronta y religiosamente.

Avanza
a Almaraz.

Rehecho y aumentado el corto ejército de su mando constaba ya a mediados de enero de 12.000 hombres repartidos en dos divisiones y una vanguardia. El 25 del mismo yendo de Badajoz sentó sus reales en Trujillo, y retirándose los franceses hacia Almaraz, fueron desalojados de aquellos alrededores, enseñoreándose el 29 del puente la vanguardia capitaneada por Don Juan de Henestrosa. Trasladose después el general Cuesta a Jaraicejo y Deleitosa, y dispuso cortar dicho puente como en vano lo había intentado antes el general Galluzo. Competía aquella obra con las principales de los romanos, fabricada por Pedro Uría a expensas de la ciudad de Plasencia en el reinado de Carlos V. Tenía 580 pies de largo, más de 25 de ancho y 134 de alto hasta los pretiles. Constaba de dos ojos y el del lado del norte, cuya abertura excedía de 150 pies, fue el que se cortó. No habiendo al principio surtido efecto los hornillos, hubo que descarnarle a pico y barreno, e hízose con tan poca precaución que al destrabar de los sillares, cayeron y se ahogaron 26 trabajadores con el oficial de ingenieros que los dirigía. Lástima fue la destrucción de tamaña grandeza, y en nuestro concepto arruinábanse con sobrada celeridad obras importantes y de pública utilidad, sin que después resultasen para las operaciones militares ventajas conocidas.

Pasan
los franceses
el Tajo.