Se hallaba este en Tarragona esparcido en una enorme línea de 16 leguas, que partiendo de aquella ciudad se extendía hasta Olesa por el Coll de Santa Cristina, la Llacuna, Igualada y el Bruch. Las tropas de dicha línea que estaban fuera de Tarragona pasaban de 15.000 hombres, y las mandaba Don Juan Bautista de Castro. Las que había dentro de la plaza a las órdenes inmediatas del general en jefe Don Teodoro Reding ascendían a unos 10.000 hombres. Según el plan de ataque que se concertó, debía el general Castro avanzar e interponerse entre el enemigo y Barcelona, al paso que el general Reding aparecería con 8000 hombres en el Coll de Santa Cristina, descolgándose también de las montañas y por todos lados los somatenes.

Le atacan
los franceses.

Los franceses en número de 18.000 hombres se alojaban en el Panadés, y su general en jefe había dejado maniobrar con toda libertad al de los españoles, confiado en que fácilmente rompería la inmensa línea dentro de la cual se presumía envolverle. Por fin el 16 de febrero cuando vio que iba a ser atacado, se anticipó tomando la ofensiva. Para ello después de haber dejado en el Vendrell la división del general Souham, salió de Villafranca con la de Pino, debiéndosele juntar las de los generales Chavot y Chabran cerca de Capelladas, y componiendo las tres 11.000 hombres. Antes de que se uniesen se habían encontrado las tropas del general Chavot con los españoles, cuyas guerrillas al mando de Don Sebastián Ramírez habían rechazado las del enemigo y cogido más de 100 prisioneros, entre los que se contó al coronel Carrascosa. Sacó de apuro a los suyos la llegada del general Saint-Cyr, quien repelió a los nuestros, y maniobrando después con su acostumbrada destreza, atravesó la línea española en la dirección de la Llacuna, y con un movimiento por el costado se apareció súbitamente a la vista de Igualada, y sorprendió al general Castro, que se imaginaba que solo sería atacado por el frente. Entran
en Igualada. Vuelto de su error apresuradamente se retiró a Montmeneu y Cervera, a cuyos parajes ciaron también en bastante desorden las tropas más avanzadas. Los enemigos se apoderaron en Igualada de muchos acopios de que tenían premiosa necesidad, y recobraron los prisioneros que habían perdido la víspera en Capelladas.

Movimientos
de Saint-Cyr
y Reding.

Habiendo cortado de este modo el general Saint-Cyr la línea española, trató de revolver sobre su izquierda para destruir las tropas que guarecían los puntos de aquel lado, y unirse al general Souham. Dejó en Igualada a los generales Chabot y Chabran, y partió el 18 la vuelta de San Magín, de donde desalojó al brigadier Don Miguel Iranzo, obligándole a recogerse al monasterio de Santas Cruces, cuyas puertas en vano intentó el general francés que se le abriesen ni por fuerza ni por capitulación.

Noticioso en tanto Don Teodoro Reding de lo acaecido con Castro, salió de Tarragona acompañado de una brigada de artillería, 300 caballos y un batallón de suizos, con objeto de unir los dispersos y libertar al brigadier Iranzo. Consiguió que este y una parte considerable de la demás tropa se le agregasen en el Pla, Sarreal y Santa Coloma. Pero Saint-Cyr temeroso de ser atacado por fuerzas superiores, estando solo con la división de Pino, procuró unirse a la de Souham, y colocarse entre Tarragona y D. Teodoro Reding. Advertido este del movimiento del enemigo, decidió retroceder a aquella plaza, dejando a cargo de Don Luis Wimpffen unos 5000 hombres que cubriesen el corregimiento de Manresa, y observasen a los franceses que habían quedado en Igualada. Se mandó asimismo a Wimpffen proteger al somatén del Vallés y a los inmediatos destinados a ayudar la proyectada conspiración de Barcelona. Moviose después Reding hacia Montblanch llevando 10.000 hombres, y el 24 congregó a junta para resolver definitivamente si retrocedería a Tarragona, o si iría al encuentro de los franceses: tanto pesaba a su atrevido ánimo volver la espalda sin combatir. En el consejo opinaron muchos por enriscarse del lado de Prades y enderezar la marcha a Constantí enviando la artillería a Lérida: otros, y fue lo que se decidió, pensaron ser más honroso caminar con la artillería y los bagajes por la carretera que pasando entre el Coll de Riba y orillas del Francolí va a Tarragona, mas con la advertencia de no buscar al enemigo, ni de esquivar tampoco su encuentro si provocase a la pelea. Emprendiose la marcha y el 25 al rayar el alba, después de cruzar el puente de Goy, tropezaron los nuestros con la gran guardia de los franceses, la cual haciendo dos descargas se recogió al cuerpo de su división, que era la del general Souham situada en las alturas de Valls.

Batalla de Valls.

Don Teodoro Reding en vez de proseguir su marcha a Tarragona, conforme a lo acordado, retrocedió con la vanguardia y se unió al grueso del ejército que estaba en la orilla derecha del Francolí, colocado en la cima de unas colinas. Tomada esta determinación empeñose luego una acción general, a la que sobre todo alentó haber nuestras tropas ligeras rechazado a las enemigas. El general Castro regía la derecha española; quedó la izquierda y centro al cargo del general Martí.

La fuerza de los franceses consistía únicamente hasta entonces en la división de Souham, que teniendo su derecha del lado de Pla apoyaba su izquierda en el Francolí. En aquel pueblo permanecía el general Saint-Cyr con la división de Pino, cuya vanguardia cubría el boquete de Coll de Cabra, hasta que sabedor de haber Reding venido a las manos con Souham, se apresuró a juntarse con este. Antes de su llegada combatieron bizarramente los españoles durante cuatro horas, perdiendo terreno los franceses, los cuales reforzados a las tres de la tarde cobraron de nuevo ánimo. Entonces hubo generales españoles que creyeron prudente no aventurar las ventajas alcanzadas contra tropas que venían de refresco, resolviéndose por tanto a volver a ocupar la primera línea y proseguir el camino a Tarragona. Mas fuese por impetuosidad de los contrarios, o por la natural inclinación de Reding a no abandonar el campo, trabose de nuevo y con mayor ardor la pelea.

Formó el general Saint-Cyr cuatro columnas, dos en el centro con la división de Pino, y dos en las alas con la de Souham. Pasó el Francolí, y arremetió subir a la cima en que se habían vuelto a colocar nuestras tropas. La resistencia de los españoles fue tenacísima, cediendo solo al bien concertado ataque de los enemigos. Rota después y al cabo de largo rato la línea en vano se quiso rehacerla, salvándose nuestros soldados por las malezas y barrancos de la tierra. Alcanzaron a Don Teodoro Reding algunos jinetes enemigos; defendiose él y los oficiales que le acompañaban valerosamente, mas recibió cinco heridas y con dificultad pudo ponerse en cobro. Nuestra pérdida pasó de 2000 hombres: menor la de los franceses. Contamos entre los muertos oficiales superiores, y quedó prisionero con otros el marqués de Casteldosríus, grande de España. Los dispersos se derramaron por todas partes acogiéndose muchos a Tarragona, a donde llegó por la noche el general Reding sin que el pueblo le faltase al debido respeto, noticioso de cuanto había expuesto su propia persona.