Tales eran los acontecimientos ocurridos en Asturias, mientras que esta provincia, si bien libre, se había mantenido como aislada y sin comunicación con las otras, hasta que en la primavera de 1809 pisó su suelo por primera vez el marqués de la Romana; mas para averiguar los motivos que trajeron a este caudillo al principado, necesario es referir antes lo que pasó en Galicia después que le dejamos en enero a él y a su gente cerca de la frontera de Portugal.
Su ejército.
Allí continuó todo el febrero mudando a menudo de posición, y aproximándose a veces a la plaza portuguesa de Chaves. Consistía su fuerza en 9000 hombres, distribuidos en una vanguardia al cargo de Don Gabriel de Mendizábal, y en dos divisiones que mandaban los generales Mahy y Taboada. Su estancia en aquellos parajes animó mucho al paisanaje de Galicia, abultándose el número de sus tropas y el de sus recursos. También procuraba el mismo marqués por medio de emisarios atizar el fuego, y el ayudante general Moscoso en una comisión que tuvo en lo interior de aquella provincia, repartió con buen éxito ejemplares manuscritos de una instrucción que había compuesto para la guerra de partidas.
Empieza
el levantamiento
de Galicia.
Hubo sitios en que produjeron estos pasos conveniente efecto; mas hubo otros en que sin ajeno estímulo formáronse muy luego los habitantes en cuadrillas. Así aconteció con los paisanos de la Puebla de Tribes que los primeros y antes de comenzar febrero, dirigidos por Diego Núñez de Millaroso, cogieron prisioneros a 80 dragones de la división del general Marchand, los cuales con varios despojos llevaron en triunfo adonde estaba Romana. Imitáronlos en breve otros muchos en el valle de Valdeorras, y uniéndose cinco fieldades eligieron una junta, escogiendo por su general a Don José, abad de Casoyo, mozo arrojado y de la casa de Quiroga, ilustre en aquella tierra. Su hermano Don Juan, también de Quiroga y Uría, cooperó grandemente a sus empresas, que se multiplicaron y se extendieron hacia el Bierzo. En la línea de Lugo desde el valle de Cruzul hasta monte Salgueiro, no lejos de Betanzos, interceptaron los naturales correos y destacamentos, señalándose el juez de Cancelada Don Ignacio Herbón, quien al acabar febrero atacó en Doncos un convoy, y le cogió en su mayor parte. Pero en donde se encendió extraordinariamente y tomó forma más regular la insurrección, según veremos más adelante, fue del lado de Tuy.
Mucho hubiera podido contribuir a darle pronto y vigoroso centro la permanencia de Romana hacia Monterrey; mas nuevas ocurrencias le obligaron a alejarse. Indicamos en otro libro como el mariscal Soult avanzaba por la costa de Galicia vía de Portugal. Ejecutó este movimiento en virtud de orden que en 28 de enero recibió en el Ferrol para invadir aquel reino.
Mariscal Soult.
Luego que se embarcaron los ingleses en la Coruña quedando pocos en Lisboa, pareciole fácil a Napoleón llegar a las puertas de esta capital, y lavar con su conquista la antigua mancha. Trata de invadir
Portugal. Para ello al paso que Soult había de realizar la principal invasión por la costa de Galicia y provincias portuguesas del norte, el general Lapisse y el mariscal Victor estaban encargados de amenazar la frontera portuguesa por Ciudad Rodrigo y Extremadura. Componíanse las fuerzas de Soult del segundo cuerpo y de parte del que había mandado Junot: según Napoleón ascendían en todo a 50.000 hombres, como si no hubiesen tenido pérdidas ni baja alguna; mas realmente estaban reducidos a la mitad: 4000 eran de caballería.
Inútil tentativa
para atravesar
el Miño.
El mariscal Soult después de tomar las correspondientes providencias y de dejar en su lugar a Ney, ausente en Lugo al recibo de la orden, púsose en marcha, y el 3 de febrero llegó a Santiago. Precediéronle los generales La Houssaye y Franceschi: el primero con los dragones se encaminó a Ribadavia y Salvatierra, plaza de poco valer y desmantelada a orilla derecha del Miño; y el segundo con la caballería ligera fue la vuelta de Tuy, ciudad colocada en la misma ribera. Sostenía a estas divisiones la de infantería del general Merle, que avanzó a Pontevedra. Las otras con el mariscal Soult salieron de Santiago el 8, llegando el 10 a Tuy. Corre el Miño por allí muy caudaloso, y sin que desde Orense se encuentre puente alguno; no obstante pensó Soult cruzarle hacia la marina, acopiando los preparativos necesarios en el puertecillo de La Guardia, separado de la desembocadura por el monte de Santa Tecla. Habiendo dificultades para doblar la punta que este forma, y subir río arriba, trasladaron los franceses por tierra en carros gallegos cosa de una legua con mucho trabajo los botes destinados al transporte de la tropa, y los volvieron a poner boyantes en el Tamuge, río pequeño que desagua en el Miño. El 15 en la noche a la hora de la marea alta quedó encargado de empezar la operación el general Thomières. Ejecutose en buen orden por el Tamuge, pero al entrar en la gran corriente del Miño, más rápida con el reflujo que comenzaba, separáronse los botes, y pocos fueron los que arribaron a la orilla opuesta. Los portugueses mandados por el general Bernardino Freire hicieron contra ellos un fuego vivo y acertado, con lo cual y la marea ya contraria tuvieron que volver los más a tierra de España, quedando prisioneros de los portugueses unos 40 hombres. El malogramiento de esta tentativa cundiendo por una y otra frontera animó al paisanaje, deseoso de molestar a los franceses.