Toma Soult
hacia Orense.

También con aquel contratiempo vio el mariscal Soult los obstáculos que se le ofrecían para pasar el Miño, no teniendo a su pronta disposición los medios necesarios. Por lo cual determinó entrar en Portugal vía de Orense, tomando río arriba. Salió pues de Tuy el 17 de febrero, y nombró al general Lamartinière comandante de la ciudad, en la que dejó los enfermos, la mayor parte de la artillería, y alguna guarnición.

Insurrección.

A corta distancia ya percibió síntomas de una insurrección general. Habíanla fomentado varios individuos, entre los que se señalaron el abad de Couto y el de Valladares. Los abades
de Couto
y Valladares. Aquella tierra está bien cultivada, con población numerosa y desparramada en caseríos rústicos. De las heredades distribuidas en cortas porciones, y por lo general a foro enfitéutico, disponen los usufructuarios como de cosa propia. Y la gente trabajadora y de suyo guardosa, temía más que la de otras provincias perder con la invasión de extraños el producto de sus labores e industria, y con tanta mayor razón cuanto los franceses escasos de provisiones comenzaron a hacer repartimientos excesivos, y a cometer robos y saqueos.

El paisanaje
molesta
a los franceses
en su marcha.

Allí los abades, nombre que se da a los curas párrocos, tienen mucho influjo por su riqueza y poder. Lo tienen los ricos y cercanos monasterios del orden cisterciense de San Clodio y Melón, y teníanlo también entonces por su patriotismo varios particulares, los cuales juntos y separadamente trataron de aprovechar la buena disposición del pueblo contra los extranjeros. Antes que ninguno descubriose el abad de Couto Don Mauricio Troncoso, quien congregando a sus feligreses con motivo de un repartimiento que los invasores habían echado, díjoles: «En vez de dar a los enemigos lo que nos piden, seré vuestra guía si queréis negárselo y emplearlo en vuestra defensa.» Aplaudieron todos aquellas palabras, y agregándose personas de cuenta y aun portugueses, soltáronse de todos lados partidas que hostigaron a los franceses en su marcha. En Mourentan hízoles notable daño el mismo abad de Couto, y quemaron aquel pueblo en venganza. Desde el puente de las Hachas hasta Ribadavia también padecieron varias acometidas, acaudillando al paisanaje José Labrador, el monje bernardo Fray Francisco Carrascón, y después el juez de Maside; y si bien en estos reencuentros los franceses con su pericia y buenas armas rompían al fin por medio e iban adelante, perdían gente y amilanábanse sus soldados con guerra tan continua y encarnizada.

Soult y Romana.
Intimación a este.

De Ribadavia pasó el mariscal Soult a Orense resuelto a entrar en Portugal por la plaza de Chaves, y a disipar antes el corto ejército de Romana. Manteníase este general en el valle de Monterrey, y hallábase en Lamadarcos el 4 de marzo cuando llegó un parlamentario francés con un pliego, ofreciendo recompensas y condecoraciones con tal que Romana y su ejército reconociesen a José. Replicó el general español debidamente, diciendo que a tales proposiciones no había otra respuesta sino cañonazos. Pero no habiéndose tomado en el recibimiento del oficial parlamentario las acostumbradas precauciones, examinó este con sus propios ojos el deplorable estado de nuestro ejército, y dio cuenta de ello a su mariscal, quien determinó atacar sin dilación a los españoles.

Es desbaratada
la retaguardia
española.

El marqués de la Romana quería evitar cualquier refriega, mas no habiéndose retirado tan prontamente como era de desear, fue el 6 de marzo alcanzada su retaguardia a las órdenes de Don Nicolás Mahy en las inmediaciones de Verín. Cogiole el general Franceschi algunos prisioneros y la desordenó, pero no insistiendo en su perseguimiento pudo continuar su marcha. Los franceses solo pensaron en entrar en Portugal, cuyas tropas mandadas por el general Silveira habían sido acometidas en Villaza el mismo día que las españolas por la división de Delaborde, teniendo que retirarse después de alguna pérdida al abrigo de la noche.