Mahy
amenaza Lugo.
La fuerza de este ejército puede decirse que estaba dividida en dos partes, de la una que era la principal acabamos de hacer mención, la otra entonces menos numerosa había quedado en la Puebla de Sanabria a las órdenes de Don Martín de la Carrera. La primera, gobernada en ausencia de Romana por Don Nicolás Mahy, constaba de unos 6000 hombres y de 200 caballos: la cual a la propia sazón que Ney se movía la vuelta de Asturias, se adelantó hacia el monasterio cisterciense de Meira no lejano de Lugo. El general Worster no había querido acompañar a Mahy en aquel movimiento creyendo que la fuerza que mandaba debía pensar antes que en otra cosa en cubrir a Asturias. Siguió avanzando dicho general Mahy, y su vanguardia capitaneada por Don Gabriel de Mendizábal tropezó el 17 de mayo en Feria de Castro a dos leguas de Lugo con una columna enemiga de 1500 hombres que obligó a meterse en la ciudad. Al día siguiente el general Fournier, gobernador francés, militar entendido pero de condición singular, y muy dado a hablar en latín a los obispos y a los clérigos, Desbarata al
general Fournier. salió de dentro y se dispuso a aguardar a los nuestros en las inmediaciones, apoyando la izquierda en los mismos muros y la derecha en un pinar vecino. Acometiole Don Nicolás Mahy formando su gente en dos columnas guiadas por los generales Mendizábal y Taboada, junto con los 200 jinetes que mandaba Don Juan Caro. A espaldas quedó la reserva a las órdenes del brigadier Losada, y aparentose tener otro cuerpo de caballería colocando a distancia, montados en acémilas y caballos de oficiales, cierto número de soldados; ardid que no dejó de servir, notándose también en nuestras tropas más instrucción y confianza. Trabose la pelea y a poco volviendo caras la caballería enemiga desconcertó su línea de batalla, e infantes y jinetes corrieron precipitadamente a guarecerse de la ciudad, acometiendo con tal brío nuestra gente que varios catalanes de tropas ligeras metiéndose dentro al mismo tiempo que aquellos, tuvieron después que descolgarse por las casas pegadas al muro ayudados de los vecinos. Los franceses perdieron bastante gente y los españoles varios oficiales, y en este número al comandante de ingenieros D. Pedro González Dávila distinguido por su valor. No pudiendo los españoles ganar en seguida a Lugo, ciudad rodeada de una antigua y elevada muralla y de muchos torreones aunque socavado el revestimiento por los años, Pone cerco
a la ciudad. intimaron la rendición al gobernador que respondió con honrosa arrogancia. Entonces decidiose a formalizar el cerco el general Mahy, y allí le dejaremos para acudir a donde nos llaman los gloriosos hechos de las orillas del Miño.
Crece
la insurrección
de Galicia.
Luego que el mariscal Soult hubo pasado de Orense vía de Portugal, la insurrección del paisanaje gallego se aumentó, cundiendo por las feligresías de las provincias de Tuy, Lugo, Orense y Santiago hasta las riberas del Ulla y aún más allá. Por todas partes aparecieron jefes para acaudillarla, y Romana y la central enviaron también algunos que la fomentasen. Entre los primeros fueron los más distinguidos los abades ya nombrados de Couto y Valladares, y además un caballero de nombre Don Joaquín Tenreiro, el alcalde de Tuy Don Cosme de Seoane y Don Manuel Cordido, labrador y juez de Cotobad. Así indistintamente se aunaban todas las clases contra el enemigo común. El último hizo guerra terrible en la carretera de Pontevedra a Santiago, los otros después de varios choques recorriendo la tierra de Tuy y Vigo, obligaron a los franceses a encerrarse en el recinto de ambas plazas. De los emisarios de Romana diéronse particularmente a conocer los capitanes Don Bernardo González, dicho Cachamuiña del pueblo de donde era natural, y Don Francisco Colombo, incomodando mucho el primero a los enemigos por la parte de Soutelo de montes y puente de Ledesma. Fueron los enviados de la central el teniente coronel Don Manuel García del Barrio, el entonces alférez Don Pablo Morillo, y el canónigo de Santiago Don Manuel de Acuña, gallego, y de familia que tenía deudos y amigos en el país. Llegaron estos cuando todavía el marqués de la Romana estaba en el valle de Monterrey, y permaneciendo Barrio en su compañía hasta que partió a Asturias, envió hacia Tuy a los otros dos comisionados para obrar de acuerdo con los que por allí lidiaban contra los franceses.
Además no hubo partido ni punto en que antes o después no fuesen molestados: así sucedió en Trasdeza, no lejos de Santiago, en que se formó una junta, y mandaron la gente los hermanos estudiantes Don Benito y Don Gregorio Martínez: así en Muros, en Corcubión, en Monforte de Lemos aunque con la desgracia en las tres últimas villas de haber sido incendiadas y horrorosamente puestas a saco. No desanimándose los moradores por tamaños contratiempos, sabedor Barrio de que en las alturas de Lobera reunía bastante gente el administrador de rentas de la Boullosa Don José Joaquín Márquez, incorporósele el 17 de marzo viniendo de hacia Chaves. Barrio.
Junta de Lobera. Reconocido Barrio como comisionado de la central, convino con los demás en congregar una junta compuesta de vocales del partido y de las personas que más habían contribuido al levantamiento de otras feligresías. Verificose en efecto, instalándose el 21 del mismo mes de marzo en aquellas alturas y en campo raso, renovando la sencillez de los tiempos primitivos. Sujetáronse todos a la autoridad creada, nombrose presidente al obispo de Orense y sin detención se tomaron disposiciones que mantuvieron e impulsaron más ordenadamente la insurrección. Al Márquez, hombre esforzado y que había trabajado en favor de la causa común más que los otros, diósele el mando de un nuevo regimiento que se apellidó de Lobera, y mandósele ir a reforzar a los que bloqueaban a Tuy. También se expidió orden a Cachamuiña para que de Soutelo cayese sobre Vigo y engrosase el número de los sitiadores. Dispusiéronse asimismo para entonces y para después varias otras correrías, en especial hacia Lugo y valle de Valdeorras, acaudillando siempre el paisanaje Don Juan Bernardo de Quiroga y su hermano el abad de Casoyo.
Sitia Vigo
el abad
de Valladares.
Entre tanto seguían apretando a las ciudades de Tuy y Vigo los abades de Couto y Valladares. Guarnecían a la última 1300 franceses al mando del jefe de escuadrón Chalot. Aunque es aquel puerto uno de los mejores y más abrigados de España, la fortificación de tierra es defectuosa, y a su muralla baja en algunas partes y sin foso la domina a corta distancia el castillo del Castro. Sin embargo la plaza estaba bien provista y artillada. Estrechábala el abad de Valladares Don Juan Rosendo Arias Henríquez, a quien se le había agregado la gente que en el valle de Fragoso había levantado Limia. su anciano alcalde Don Cayetano Limia, para lo que le facilitó armas el crucero inglés de la inmediata costa. Tenreiro
y el portugués
Almeida. Asimismo se le juntó Don Joaquín Tenreiro que con el portugués Don Juan Bautista Almeida había recogido muchos voluntarios de algunos valles, engrosándose de este modo considerablemente el número de sitiadores.
Morillo.
También en marzo se presentó entre ellos Don Pablo Morillo, quien enterado de que una columna francesa intentaba, encaminándose del lado de Pontevedra, venir al socorro de la plaza, corrió al Puente de Sampayo para reconocerle y asegurar su defensa, como lo verificó ayudado Gogo. de Don Antonio Gogo, vecino de Marín, que capitaneaba una partida numerosa de paisanos y era dueño de dos piezas de artillería. Colocó estas Morillo con otras tres que fueron de Redondela en el paso del puente, que fortalecido dejó al mando de Don Juan de Odogerti, comandante de tres lanchas cañoneras. Volviose luego Don Pablo al sitio de Vigo, y en su compañía 300 hombres mandados por Don Bernardo González Cachamuiña y D. Francisco Colombo.
Ríndese Vigo
a los españoles.