Había el abad de Valladares intimado a la plaza varias veces la rendición sin que el comandante francés quisiera abrir las puertas, pareciéndole vergonzoso y poco seguro capitular con paisanos. Tornó como hemos dicho Morillo, y ya por sus activas y acertadas disposiciones, y ya por haber sido enviado de Sevilla, eleváronle los sitiadores a coronel, y reconociéronle como superior, a fin de que a vista de un militar cesasen los escrúpulos y recelos del comandante francés. Sin tardanza repitió el nuevo jefe español una áspera intimación, amenazando el 27 de marzo con tomar por asalto la plaza y no dar cuartel. Pidieron los franceses 24 horas de término para contestar, y no accediendo Morillo, rindiéronse por fin, concedidos que les fueron los honores de la guerra, y con la cláusula de que serían llevados prisioneros a Inglaterra, por lo cual firmó la capitulación en unión con el jefe español el comandante británico del crucero. Exigió además Morillo que inmediatamente se ratificase lo convenido, pues si no, acometería la plaza. Retardábase la respuesta, y a las ocho de la noche aproximáronse a sus muros los sitiadores, arrojándose a la Puerta de Camboa para hacerla astillas y armado de un hacha un marinero anciano que cayó muerto de un balazo: ocupó su puesto y tomó el hacha González Cachamuiña, y rompiola aunque herido en varias partes de su cuerpo. Íbase ya a entrar por ella cuando Morillo recibió la ratificación, y a duras penas pudo con su recia voz hacer cesar el fuego y detener a los suyos que se posesionaron de la plaza al día siguiente 28. No hubo en su reconquista ni ingenieros ni cañones, ganada solo a impulsos del patriotismo gallego. Entregáronse prisioneros 1213 hombres y 46 oficiales, y cogiéronse otras preseas con 117.000 francos en moneda de Francia. A poco de haberse rendido súpose que de Tuy acudían soldados enemigos en auxilio de la guarnición de Vigo: diose priesa Morillo a enviar a su encuentro personas y gente de su confianza, quienes los deshicieron, mataron a muchos y aun tomaron 72 prisioneros que se pusieron a bordo juntamente con los de Vigo.

Bloqueo de Tuy.

Sin embargo la facilidad con que se enviaba este socorro mostraba no ser riguroso el bloqueo de Tuy. Habíale comenzado el 15 de marzo el abad de Couto, y con él el juez y procurador general de la misma ciudad y otros caudillos. También concurrieron portugueses de la orilla opuesta, y la plaza de Valencia situada enfrente había tratado de molestar a los franceses con sus fuegos. Libertado Vigo esperábase que el cerco tendría pronto y feliz éxito, pues además de acudir desde allí con su gente Morillo, Tenreiro, Almeida y otros, vino también por su lado Don Manuel García del Barrio, reconocido comandante general por la junta de Lobera. Pero tanto concurso de jefes y caudillos no sirvió sino para suscitar celos y rencillas. Morillo fuese en comisión camino de Santiago, y los otros en especial Barrio y Tenreiro, el uno presuntuoso y el otro díscolo de condición, desaviniéronse y ocupáronse en recíprocos piques y zaherimientos. Y así este bloqueo sostenido con cañones y más gente fue mal dirigido y al cabo se malogró. Mandaba dentro el general Lamartinière, y el 6 de abril haciendo una salida apoderose de cuatro piezas colocadas en la altura de Francos no muy distante de la ciudad. Ocurrida esta desgracia, y agriándose más los ánimos, diose lugar a que llegasen socorros a Tuy avanzando del lado de Santiago una columna de infantería y caballería a las órdenes del general Maucune, y otra del lado de Portugal mandada por el general Heudelet que enviaba Soult, ya posesionado de Oporto, para recoger la artillería que allí había dejado.

Enseñoreose el 10 de abril sin resistencia el general Heudelet de Valencia del Miño. Sabedores los españoles que bloqueaban a Tuy de aquel suceso, Le alzan. levantaron el sitio quedándose unos en las alturas que median entre esta plaza y la de Vigo, y alejándose otros con Barrio a Puente Arcas. Al mismo tiempo los franceses que venían de Santiago arrollaron a la gente de Morillo en el camino de Redondela, y en venganza incendiaron la villa, metiéndose después parte de ellos en Tuy, y tornando los otros con el general Maucune al punto de donde habían salido. Evacúan
la ciudad
los franceses. Socorrida la plaza sacaron los enemigos todos sus efectos y artillería, y temiendo nuevo bloqueo la abandonaron el 16, y se unieron con los de Valencia.

Por tanto, si no tuvo dichoso remate el cerco de Tuy consiguiose por lo menos infundir recelo en los franceses, y ver desembarazada la margen derecha del Miño. Esmeráronse entonces aquellos naturales en arreglar y disciplinar Se crea
y aumenta
la división
del Miño. la gente que se había levantado, y que se denominó división del Miño, creando varios regimientos que se distinguieron en posteriores acciones. Incorporose a ella la partida de Don José María Vázquez, conocido en Castilla por sus hechos con el nombre del Salamanquino, y al fin aumentose su fuerza, Mándala
Don Martín
de la Carrera. y ganó en la opinión gran peso con ponerse a la cabeza el 7 de mayo Don Martín de la Carrera, según el deseo público, y cediéndole Barrio las facultades que tenía del gobierno supremo.

Desbarata
a los franceses
en el campo
de la Estrella.

Había Don Martín permanecido todo aquel tiempo en la Puebla de Sanabria juntando dispersos. Unido a la división del Miño completó hasta unos 16.000 hombres, y además tenía algunos caballos y nueve cañones. Adelantose con parte de su gente por la provincia de Tuy a Santiago, de cuya ciudad salieron a repelerle el 23 de mayo unos 3000 infantes y 300 caballos a las órdenes del general Maucune, acometiéndole en el campo de la Estrella. Los desbarató Carrera, persiguiéndolos y metiéndose primero que nadie en la ciudad de Santiago Don Pablo Morillo. Cogiéronse allí fusiles y vestuarios y cuarenta y una arrobas de plata labrada, sin contar otra mucha de los templos. Recibidos los nuestros con universal regocijo, hubieron sin embargo de retirarse por las operaciones combinadas que luego meditaron los mariscales Ney y Soult, de vuelta uno de Asturias y otro de Portugal.

Campaña
de Soult
en Portugal.

La campaña del último en este reino había terminado con suma desdicha de sus armas. Recorreremos lo que allí pasó con rapidez, según es nuestra costumbre en las cosas de Portugal. Pisó el 10 de marzo la frontera lusitana el mariscal Soult, Entran
los franceses
en Chaves. y el 11 se le rindió Chaves, plaza en la provincia de Tras-os-Montes en mal estado, y que aún conservaba las brechas de la guerra con España de 1762. Penetró con 21.000 hombres, retirándose el general Silveira hacia Vila Pouca. El 13 continuaron los franceses su marcha a Braga, con gran recelo de las fuerzas que allí mandaba Bernardino Freire. En este tránsito lleno de desfiladeros encontraron mucha oposición, teniendo que caminar lentamente y escasos de mantenimientos. En Braga. Acercándose al fin a Braga no pensó Freire, general poco respetado, en que se pudiese defender la ciudad, y así dispuso retirarse. Enojado el pueblo le arrestó en un pueblo inmediato y le volvió a Braga, en donde fue bárbaramente asesinado. Viose entonces su segundo, el barón de Ebben, en la necesidad de defender con gente colecticia la posición de Carballo, legua y media distante, de la que apoderados los franceses penetraron el 20 en Braga, Asoman
a Oporto. asomando el 28 a Oporto, vencidos otros obstáculos no menos dificultosos.

Intimó luego la rendición el mariscal Soult a esta ciudad, que situada a la derecha de Duero y a una legua de su embocadura, es por su población de 70.000 almas y por su gran comercio la primera de Portugal después de Lisboa. El ánimo de los naturales mostrábase levantado, tanto más cuanto con la invasión francesa veían estancado y destruido su principal tráfico, que consiste en la salida de sus vinos para Inglaterra. Estado
de la ciudad. Con objeto de defender la ciudad se había en su derredor construido un campo atrincherado erizado de cañones, cuya derecha se apoyaba en el Duero, y la izquierda en los fuertes vecinos al mar; además habían atajado las calles, y colocado en ellas y en diversos puntos muchas piezas de artillería. La exaltación popular era tal que fueron víctima de ella varias personas, y con dificultad pudo el mariscal Soult intimar la rendición, no queriendo la ciudad dar oídos a tregua ni convenio. Hubo también ocasión en que so color de querer escuchar las proposiciones cogieron a los parlamentarios, como aconteció al general Foy que se llevaron prisionero con grave riesgo de su persona. Mandaba en jefe el obispo, pero la víspera del ataque abandonó la ciudad poniendo en su lugar al general Parreiras. Éntranla
los franceses. Acometieron los franceses las líneas el 29 de marzo, que de grande extensión, mal dispuestas y defendidas por gente allegadiza, fueron ganadas sin grande esfuerzo, entrando en la ciudad los vencedores, y haciendo su caballería tremenda matanza. Los habitantes huyendo del peligro se avalanzaron al puente de Duero, que formado de barcas rompiose con el gentío, y allí fueron las mayores lástimas ahogándose unos y ametrallando a otros los franceses desapiadadamente. Gran matanza. Perecieron de 3 a 4000 personas, de ellas muchas mujeres y niños. Hubo hechos que ensalzaron al ya tan ilustrado valor de los portugueses: 200 hombres esforzados se defendieron en la catedral hasta que no quedó uno con vida.