Conducta del
mariscal Soult.
Siguiéronse deplorables excesos, no pudiendo Soult contener los ímpetus desmandados de su tropa. Este mariscal procuró entonces y después granjearse la voluntad de los moradores, aun imitándolos en las prácticas de un fervoroso celo religioso.
Sus votos y ofrendas, y el particular cuidado del mariscal en agradar a los portugueses, dieron a sospechar si pensaba a modo de Junot ceñir la corona lusitana. Pídenle sea rey. Vino como en apoyo la exposición seguida de otras, que se imprimió y publicó, de doce habitantes de Braga, en la que llamándole padre y libertador se mostraba deseo de que Napoleón le nombrase por su rey. Y aunque es cierto que el mariscal les replicó que no pendía de él darles respuesta, la mera publicación de aquella demanda en país en donde él era árbitro de impedirla o autorizarla, manifestaba que si no dimanaba de sugestiones suyas por lo menos no era desagradable a sus oídos.
Sus providencias.
Posesionados los franceses de Oporto no prosiguieron a Lisboa, así por la oposición que encontraron en el país, como también por ignorar el paradero del general Lapisse y del mariscal Victor, cuyos movimientos del lado de Castilla y Extremadura debieron corresponder con el de Galicia. Limitáronse pues a conservar lo ganado, y a prepararse para más adelante. Ya hablamos como con este objeto y el de tener la artillería que quedó en Tuy, había retrocedido hacia esta plaza y desembarazádola de sitiadores el general Heudelet: otro tanto trataron de hacer los enemigos por la parte de Chaves, Silveira
recobra Chaves. cuya ciudad había recobrado el 20 de marzo el general Silveira, extendiéndose después por el Támega hasta Amarante y Peñafiel. Reforzado luego el mismo general, y molestando incansablemente a los franceses, permaneció en aquellos sitios cerca de un mes; pero en 18 de abril queriendo el mariscal Soult abrir paso y tener libres las comunicaciones con Tras-os-Montes, envió al general Delaborde auxiliado de fuerza considerable. Al aproximarse situose Silveira en Amarante, y defendió con tal tesón el paso del puente que no pudieron superar los franceses hasta el 2 de mayo los obstáculos que se les oponían. Defensa para él muy honrosa aunque tuviese por entonces que alejarse momentáneamente.
Coronel Trant.
Al mediodía de Oporto y camino de Lisboa no dilataron los franceses sus excursiones y correrías más allá del Vouga, persuadidos de que resguardaban a Coimbra numerosas fuerzas. Sin embargo reducíanse estas a unos 4000 hombres mal disciplinados, y a una turba de paisanos que mandaba el coronel Trant, quien no pudo hacer otra cosa sino maniobrar con acierto, aparentando mayores medios que los que tenía. Mas como eran cortos se hubiera encaminado al fin el mariscal Soult a Lisboa luego que supo las resultas de la batalla de Medellín, si no hubiesen llegado inmediatamente grandes refuerzos al ejército inglés de Portugal.
Regencia
de Portugal.
Continuaba gobernando a este reino la regencia restablecida después de la evacuación de Junot. La gente que había levantado nunca había salido de sus lindes, no obstante las repetidas instancias de la junta central. Obró quizá el gobierno portugués cuerdamente en no acceder a ellas hallándose todavía su tropa bastante indisciplinada. Cradock
y los ingleses. De los ingleses habían quedado unos 10.000 hombres a las órdenes de Sir Juan Cradock, contra los que prorrumpieron en grande enojo los portugueses a causa de las muestras que dieron de embarcarse al saber la suerte de Moore, apareciendo en sus providencias, más que premeditado plan, desconcierto y abatimiento. Aquietado en fin el general inglés por órdenes posteriores de su gabinete permaneció en Lisboa, adelantándose después a Leiría al mismo tiempo que el ejército portugués se situaba en Tomar, el cual sin contar con las fuerzas de Silveira, la legión lusitana y las reuniones de paisanos, constaba de unos 15 a 20.000 hombres. Beresford manda
a los portugueses. Disciplinábalos el general Beresford autorizado desde el mes de febrero por el príncipe regente de Portugal para obrar como comandante en jefe de sus tropas.
Refuérzase
el ejército inglés.