Así andaban las cosas en aquel reino, cuando el gobierno británico, viendo que España no se sometía al yugo extranjero a pesar de sus desgracias y de la retirada de Moore, y vislumbrando también la guerra entre Austria y Francia, determinó probar de nuevo fortuna en la península reforzando considerablemente su ejército, Sir Arthur
Wellesley
nombrado
general en jefe. y poniéndole a las órdenes de Sir Arthur Wellesley, ceñido ya con los laureles de Roliça y Vimeiro. Fueron llegando sucesivamente las tropas a las costas portuguesas, y su general en jefe desembarcó en Lisboa el 22 de abril, bien recibido y obsequiado de sus moradores. Poco después el 29 púsose en marcha sobre Coimbra, Sus providencias. llevando consigo 20.000 ingleses y 8000 portugueses. Doce mil de los últimos con dos brigadas británicas a las órdenes del general Mackenzie se apostaron en Santarén y Abrantes, adelantándose un regimiento de milicias y la legión lusitana, al cargo ahora del coronel Mayne, hasta el puente de Alcántara. Sir Roberto Wilson que poco antes mandaba dicha legión, hallábase destacado con un corto cuerpo de portugueses hacia Viseo. Avanza a Coimbra. El general Wellesley llegó a Coimbra el 2 de mayo prefiriendo antes arrojar a Soult de Portugal que obrar por Extremadura de concierto con Cuesta, según era el deseo de este caudillo y el del gobierno español.
Situación
de los franceses.
Los franceses no se habían movido de Oporto y de sus puestos del Vouga. En su ejército manifestábase disgusto, aburridos todos y cansados con aquella clase de guerra, y fomentando gran descontento una sociedad secreta, llamada de los filadelfos, cuyo objeto era destruir la dinastía imperial y restablecer en Francia un gobierno republicano. Sociedad secreta
de los filadelfos. Entre los que la componían había oficiales superiores, y tenían pensado poner a su cabeza al mariscal Ney o al general Gouvion Saint-Cyr. Extendíanse las ramificaciones de la sociedad a los demás ejércitos de Napoleón, y en el de España no abandonaron los conspiradores su proyecto hasta el año 10. Había echado profundas raíces en las tropas del mariscal Soult, y eran tantos los partícipes del secreto, que enviado para abrir tratos acerca de ello el ayudante mayor Mr. D’Argenton, pudo sin tropiezo ir hasta Lisboa, y con tal desembozo que inspiró desconfianza en Sir Arthur Wellesley, por lo cual respondió este al emisario francés que rebelárase o no su ejército le atacaría en tanto que se mantuviese en Portugal: sin embargo añadió que si se declaraba contra Bonaparte se ajustaría quizá un convenio para su retirada. Otros jefes parece ser que tuvieron también conferencias con el general británico, y de ellos se citan a los coroneles Donadieu y Lafitte. Mas D’Argenton de vuelta a Oporto habiéndose descubierto al general Lefebvre que creía en la trama o favorable a ella, fue arrestado en la noche del 8 al 9 de mayo teniendo pasaportes del almirante inglés Berkley. (* Ap. n. [8-8].) Dilatose su castigo para averiguar cuáles fuesen sus cómplices, y ayudado de estos tuvo ocasión de escaparse y pasar a Inglaterra.[*]
Sobresaltó al mariscal Soult tan funesto acontecimiento que realizaba anteriores sospechas, al paso que aguijó por su parte al general Wellesley a avanzar prontamente, no contando sin embargo mucho con la sublevación del ejército contrario. Plan de Wellesley. Era el plan del general inglés envolver a Soult, y obligarle a una retirada desastrada o a rendirse. Y conforme a su pensamiento dispuso que el general Beresford con las tropas de su mando, y las portuguesas que estaban en Viseo a las órdenes de Sir Roberto Wilson, se dirigiesen anticipadamente por Lamego, y pasasen el Duero para juntarse en Amarante con Silveira, cuya retirada todavía se ignoraba. Hecho este movimiento la demás fuerza británica debía avanzar en dos columnas sobre Oporto, una vía de Aveiro y otra por el camino real. No se varió el plan aunque se supo luego el descalabro de Silveira, y el 6 de mayo se empezó la operación convenida. El 10 y el 11 fue arrojado de las alturas de Grijo el general Franceschi que mandaba la vanguardia de los enemigos, la cual en seguida repasó el Duero.
Se apoderan
los ingleses
de Oporto.
El mariscal Soult tomando sin tardanza disposiciones para evacuar a Oporto y asegurar su retirada, voló el puente de barcas y retuvo en la margen derecha todos los botes. Dio vista el 12 a la ciudad Sir Arthur Wellesley, y aunque cercano separábale la profunda y rápida corriente de Duero. No teniendo prontos los medios necesarios para atravesarla, hubiera Soult podido retirarse tranquilamente a Galicia si un feliz acaso no hubiese servido a ayudar la combinación que para la travesía preparaba el general inglés, quien había destacado río arriba al general Murray a fin de que cruzase el Duero por Avintas y cayese sobre el flanco del enemigo al tiempo que este fuese atacado por el frente. Partió Murray; mas dudábase sobre el modo de verificar el paso a la sazón que el coronel Waters descubrió en un recodo que forma el río un pequeño bote con el que yendo a la otra orilla, acompañado de dos o tres individuos, se apoderó sin ser notado de cuatro grandes barcas abandonadas, y de priesa trájolas del lado de los suyos. Al instante y el mismo 12 a las diez del día pasó en ellas el Duero Lord Paget con tres compañías. Siguieron otros, permaneciendo los enemigos tan descuidados que burlándose de los primeros avisos que dio un oficial, a nada dieron crédito hasta que el general Foy subiendo casualmente a la altura que se eleva enfrente del convento de Serra, advirtió que en efecto pasaban los ingleses el río. Entonces todo el campo francés se conmovió y se puso sobre las armas. Trabose entre los soldados de ambos ejércitos un vivísimo choque, agolpáronse sucesivamente de uno y otro lado tropas, y llegando en fin de Avintas el general Murray abandonaron los franceses a Oporto, perseguidos por los ingleses hasta cierta distancia de la ciudad. La matanza fue grande. Cayeron heridos los generales Delaborde y Foy de una parte, y Lord Paget de la contraria, sin contar otros muchos de ambas. Censurose agriamente en su propio ejército al mariscal Soult por el descuido de dejar a los ingleses pasar en medio del día sin resistencia un río tan caudaloso como por allí corre el Duero.
Apuros de Soult.
Después de la salida de Oporto dos caminos le quedaban a dicho mariscal para retirarse, si quería conservar su artillería; uno por puente de Lima y Valencia de Miño, y el otro por el lado de Amarante. Contaba con que el último paso sería resguardado por el general Loison; mas este perseguido por los generales Beresford, Silveira y Wilson, le abandonó y puso a Soult en el mayor aprieto, sobre todo no pudiendo ir por el otro camino de puente de Lima sin encontrarse con el general Wellesley. Aunque rodeado de inminentes peligros no se abatió el mariscal francés, y con entereza y prontitud de ánimo admirables, destruyendo la artillería y los carruajes, y acallando las voces que ya se oían de capitulación, echose por medio de senderos estrechos y casi intransitables, guiado en su laberinto por un hombre de la Navarra francesa, de los que van a España a ejercer una profesión lucrativa si bien poco honrosa. El tiempo aunque en mayo era lluvioso, los trabajos grandes, la persecución y molestia de los paisanos continua, precipitándose a veces hombres y caballos por aquellos abismos y derrumbaderos. De suerte que hasta cierto punto renovaba ahora el mariscal Soult la escena que meses antes había representado el general Moore cuando él iba en su perseguimiento. Los pueblos del tránsito fueron quemados y sus habitantes tratados cruelmente, y al mismo son que ellos cuando podían trataban a los franceses. Pasa la frontera. Llegó el ejército de estos el 17 a Montealegre y el 18 pasó la frontera, no siguiendo el alcance los ingleses tierra adentro de España por querer su general retroceder a Extremadura, según antes había prometido a Cuesta. Subió a bastante la pérdida de los enemigos en la retirada, y sin la celeridad y consumada pericia del mariscal Soult difícilmente se hubieran libertado de caer en manos del inglés, cuya excesiva prudencia motejaron muchos. Llega a Lugo. Llegaron los franceses a Lugo el 23, habiéndolos molestado poco el paisanaje español que estaba como desprevenido.
Levanta Mahy
el cerco.
La víspera, sabedor el general Mahy de que se acercaban, levantó el sitio que había poco antes puesto a aquella ciudad y se replegó a la de Mondoñedo. Encuéntrase
con Romana
en Mondoñedo. Encontráronse allí el 24 él y Romana, procedente el último de Ribadeo, a donde había desembarcado, salvándose de Asturias. Mal colocados entonces y expuestos a ser cogidos entre los mariscales Ney y Soult, resolvieron los generales españoles emprender por medio de Marcha atrevida
de los españoles. una marcha atrevida un movimiento hacia el Sil, para abrigarse de Portugal, cruzando con cautela el camino real en las inmediaciones de Lugo. Verificose así felizmente, y por Monforte tomaron los nuestros a Orense. Aunque esta marcha era necesaria así para esquivar, como hemos dicho, el encuentro de los mariscales franceses, como también para darse la mano con Don Martín de la Carrera y las fuerzas que había en las provincias de Tuy y Santiago, Descontento
del soldado
con Romana. disgustó mucho al soldado que comenzaba a murmurar de tanto camino como sin fruto había andado, apellidando al de la Romana marqués de las Romerías: porque en efecto si bien era loable su constancia en los trabajos y la conformidad con que sobrellevaba las escaseces y miseria, nunca se había visto salir de su mente otra providencia que la de marchar y contramarchar, y las más veces a tientas, de improviso y precipitadamente, falto de plan, a la ventura, y como suele decirse, a la buena de Dios. Solo en su ausencia y en los puntos en que no se hallaba peleábase, y jefes entendidos y diligentes procuraban introducir mayor arreglo y obrar con más concierto y actividad. El único, pero en verdad gran servicio, que hizo Romana fue el de mantenerse constante en la buena causa, y el de alimentar con su nombre las esperanzas y bríos de los gallegos.