Asturias.
Dejamos en abril las tropas de Asturias colocadas en la Navia y en el país montuoso que sigue casi la misma línea. Las primeras se componían de la división de Galicia, y las mandaba Don Juan Moscoso: las otras, que eran las asturianas, Don Pedro de la Bárcena, a quien se había agregado con su cuerpo franco Don Juan Díaz Porlier. Atacó Moscoso el 17 de mayo en Luarca a los franceses. Por desgracia nuestras tropas flaquearon, y con pérdida volvieron a ocupar su primera línea. A Bárcena, acometido al mismo tiempo, sucediole igual fracaso. Conservose íntegro el cuerpo de Porlier, que en seguida se situó en el puente de Salime, a la derecha de Moscoso.
Se retiró a poco este del principado, cuyo mando supremo militar confirió la regencia de Cádiz a Don Ulises Albergotti, hombre muy anciano e incapaz de desempeñar encargo que en aquel tiempo requería gran diligencia. El nuevo general permaneció en Navia, y allí, en 5 de julio, acometiéronle los franceses, penetrando por el lado de Trelles. Estaba Albergotti desprevenido, y con el sobresalto no paró hasta Meira en Galicia. Los enemigos extendieron sus correrías a Castropol, límite de aquel reino y de Asturias. Dos días antes, el 3, Bárcena, que había avanzado hacia Salas, también fue atacado y se recogió a la Pola de Allande.
Mahy entonces, como general en jefe de todas las fuerzas de Galicia y Asturias, quiso poner remedio a tan repetidas desgracias, hijas las más de descuido en algunos jefes y de mala inteligencia entre ellos, y meditó un plan para desembarazar de enemigos el principado. Envió, pues, 600 hombres que reforzasen la división gallega, mandó que esta partiese a Salime y comunicase con Bárcena, y además destacó del grueso del ejército de Galicia, que estaba en el Bierzo, un trozo de 1500 hombres al cargo de D. Esteban Porlier, el cual, cruzando el puerto de Leitariegos, debía obrar mancomunadamente con las fuerzas de Asturias. Expediciones
de Porlier
por la costa. Al propio tiempo, el otro Porlier [Don Juan Díaz] estaba destinado a llamar, con la infantería de su cuerpo franco, la atención de los franceses del lado de Santander, embarcándose a este propósito en Ribadeo a bordo, y escoltado de cinco fragatas inglesas.
Semejante plan hubiera podido realizarse con buen éxito si Mahy, usando de su autoridad, hubiera hecho que todos los jefes concurriesen prontamente a un mismo fin. Porlier dio la vela de Ribadeo, dirigiendo la expedición marítima el Comodoro inglés Roberto Mends. Amagaron los aliados varios puntos de la costa y tomaron tierra en Santoña, puerto que, bien fortificado, hubiera sido en el norte de España un abrigo tan inexpugnable como lo eran en el mediodía las plazas de Gibraltar y Cádiz. Tal deseo asistía a Porlier, pero su expedición, puramente marítima, no llevaba consigo los medios necesarios para fortificar y poner en estado de defensa un sitio cualquiera de la marina. Desembarcó, sin embargo, en varios parajes además de Santoña, cogió 200 prisioneros, desmanteló las baterías de la costa, alistó en sus banderas bastantes mozos del país ocupado, y felizmente tornó a la Coruña con la expedición el 22 de julio.
Repitió este activo e infatigable jefe otra tentativa del mismo género el 3 de agosto, y aportó a la ensenada de Cuevas, entre Llanes y Ribadesella. Dirigiose a Potes, deshizo en las montañas de Santander algunas partidas enemigas, y retrocediendo a Asturias obró de consuno con Don Salvador Escandón y otros jefes de guerrillas que lidiaban al oriente del principado.
Bárcena, por su parte, también avanzó, y el 15 de agosto tuvo en Linares de Cornellana un reencuentro con los franceses. Siguiéronse otros, y parecía que pronto se vería Oviedo libre de enemigos, favoreciendo las empresas de la tropa reglada las alarmas de varios concejos, nombre que, como dijimos, se daba al paisanaje armado de la provincia. Pero no fue así: cuando unos jefes avanzaban, se retiraban otros, y nunca se llevó a cabo un plan bien concertado de campaña. Teníase, sí, en sobresalto al enemigo, forzábaselo a conservar en aquellas partes considerable número de gente, mas la guerra, yendo al mismo son en el principado de Asturias que en la frontera de Galicia, no reportó las ventajas que se hubieran sacado con mayor unión y vigor en las autoridades y ciertos caudillos.
Extremadura.
Fue importante, si no siempre favorable en sus resultas, la asistencia que dio Extremadura a la campaña de Portugal, pues por lo menos se entretuvo el cuerpo del mariscal Mortier, y se impidió que, metiéndose en el Alentejo, quitase a Lisboa los auxilios que aquel territorio suministraba.
Dimos cuenta hasta entrado julio de las operaciones más principales del ejército de dicha provincia de Extremadura, que se llamaba de la izquierda. Privado este del apoyo del general Hill, había puesto Lord Wellington en manos del general en jefe, marqués de la Romana, la plaza de Campomayor, y enviádole a mediados de agosto una brigada portuguesa, a las órdenes de Madden.