Aun sin tales arrimos continuaban las tropas de Extremadura incomodando con mayor o menor ventura al enemigo. Ya al retirarse Reynier le siguieron la huella los soldados de Don Carlos O’Donnell, cogieron a los que se rezagaban, y el 31 de julio el jefe España se apoderó de 100 hombres que guardaban una torre y casa fuerte sita en la confluencia del Almonte y Tajo, cerca de donde se divisan los famosos restos del puente romano de Alconétar, que el vulgo apellida de Mantible, nombre célebre en algunas historias españolas de caballería. Mas por este lado hubo la desgracia de que en Alburquerque, con la caída de un rayo se volase, casi al mismo tiempo que en Almeida, un almacén de pólvora, accidente que causó daños y ruinas.
La guerra que hasta aquí había hecho el ejército de Extremadura no dejó de ser prudente y acomodada a las circunstancias y a la calidad de sus tropas, si bien se quejaban todos de la indolencia y dejadez del general en jefe. Y así, más bien que por premeditado plan de este, dirigiéronse las operaciones según el valor o el buen sentido de los generales subalternos, los cuales evitaban grandes choques, y solo parcialmente hostigaban al enemigo y le traían en continuo movimiento. Quiso Romana en agosto probar por sí fortuna y dar a la campaña nuevo impulso y mayor ensanche. En consecuencia, saliendo de Badajoz el 5, se unió a las divisiones de los generales Ballesteros y La Carrera que se hallaban en Salvatierra, ambas a las órdenes de Don Gabriel de Mendizábal, y juntos se adelantaron, recogiéndose atrás a Llerena los franceses que había en Zafra. Refriega
en Cantaelgallo. Aguardaron estos en las alturas de Villagarcía, y los nuestros se colocaron en las de Cantaelgallo, separadas de las primeras por un valle. Los enemigos atacaron el 11, y valiéndose de diestras maniobras, estuvieron próximos a envolver a los infantes españoles si La Carrera, con la caballería, no los hubiera sacado de tan mal paso. Portose asimismo con habilidad y honra la artillería. Se retiró Romana a Almendralejo, y los franceses volvieron a Zafra.
No pasaron por entonces más adelante porque, como en aquella guerra tenían a un tiempo que acudir a tantas partes, luego que en una triunfaban los llamaba a otra algún suceso desagradable o inesperado. Verificose particularmente en Extremadura este trasiego, este continuado ir y venir, distrayendo la atención de las tropas de Mortier ya las ocurrencias del condado de Niebla, ya las de Ronda u otros lugares.
En Fuente
de Cantos.
Después de lo que aconteció en Cantaelgallo, fueron reforzadas las tropas españolas con los jinetes del general Butrón que ocupaban otros sitios, y con los portugueses ya indicados, al mando de Madden. Quietos los franceses y aun replegados de nuevo, avanzó Butrón a Monesterio, y se colocó La Carrera, con su división de caballería y la artillería volante, en Fuente de Cantos. Vinieron los enemigos sobre ellos el 15 de septiembre, en número de 13.000 infantes y 1800 caballos. Butrón se incorporó a Carrera y ambos pelearon bien hasta que, oprimidos por la superioridad enemiga, empezaron a retirarse. Los franceses tenían oculta parte de su tropa, casi a espaldas de los nuestros, y cargando de improviso, introdujeron desorden y se apoderaron de algunos cañones. Mayor hubiera sido la desgracia de los españoles a no haber acudido pronto en su favor el inglés Madden, apostado con los portugueses en Calzadilla, quien contuvo a los jinetes franceses y aun los escarmentó. El general Butrón también después, en Azuaga, les cogió 100 hombres. Paráronse los nuestros en Almendralejo, y los enemigos no pasaron de Zafra y de los Santos de Maimona.
Prosiguió de este modo la guerra sin ningún considerable empeño, y Romana saliendo, como hemos dicho, para Lisboa, se juntó en octubre con el ejército inglés. Determinación que tomó de propia autoridad, y no de acuerdo con el gobierno supremo. Cierto es que no hubiera obtenido Romana la aprobación de aquel a haberle consultado, pues claro era que las tropas que llevó consigo hacían más falta para cubrir la Extremadura española, y aun para impedir la entrada de los franceses en el Alentejo, que en las líneas de Torres Vedras, abundantemente provistas de gente y de medios de defensa. Antes de partir nombró Romana, para que le reemplazase en el mando en jefe, a Don Gabriel de Mendizábal, puso a Badajoz como si estuviera amagado de sitio, y mandó que la junta y demás autoridades se trasladasen a Valencia de Alcántara.
Tenía inmediata correlación con las operaciones del ejército de Extremadura la guerra que se hacía en el condado de Niebla, en la serranía de Ronda y en otros lugares de la Andalucía.
Expedición
de Lacy
a Ronda.
Se daba desde Cádiz pábulo a semejante lucha por medio de auxilios y de algunas expediciones marítimas. Hízose a la vela la primera de estas el 17 de junio, compuesta de 3189 hombres de buenas tropas, a las órdenes del general Don Luis Lacy, y dirigió su rumbo a Algeciras, en donde desembarcó. Tenía por objeto dicha empresa fomentar la insurrección de la serranía de Ronda, adoptando un plan que constantemente mantuviese allí la guerra. El que proponía Lacy, siguiendo en parte los pensamientos del general Serrano Valdenebro, comandante de la sierra, se presentaba como el más adecuado y consistía en establecer de mar a mar, quedando Gibraltar a la espalda, una línea de puntos fortificados que abrigasen respectivamente ambos flancos cuando se obrase ya en uno o ya en otro de ellos. Se habilitaban también en lo interior de la sierra varios castillejos, antiguos vestigios de los moros, colocados los más en parajes casi inaccesibles. El ejército había de obrar no en masa sino en trozos, reuniéndose solo en determinadas ocasiones, y se dejaba a cargo del paisanaje guarnecer los castillos, y suplir con reclutas las bajas del ejército en Cádiz. Mas para realizar este plan necesitábase tiempo, y no era probable que los franceses se descuidasen y permitiesen el que se llevara a efecto.
Lacy, luego que hubo desembarcado, se encaminó a Gaucín, desde donde quiso acercarse a Ronda. En esta ciudad se habían los franceses fortalecido en el antiguo castillo y formado varios atrincheramientos: tomar uno y otro a viva fuerza no era maniobra fácil ni pronta, principalmente conservando los enemigos en Grazalema una columna móvil.