No por eso dejaron los franceses de perfeccionar las obras de tierra, y de establecer una cadena de fuertes que se dilataba desde la entrada de la bahía hasta Chiclana, por cuya parte, y en una batería inmediata al cerro de Santa Ana, perdieron, muerto de una granada, al distinguido general de artillería Senarmont.

Fuerzas
de los aliados
en Cádiz y la Isla.

Los aliados tampoco se mantuvieron ociosos. Mejoraron cada vez más las fortificaciones, y las tropas se engrosaron y adquirieron buena disciplina. De las inglesas se contaron en julio 8500 hombres; volviéronse a reducir a 5000 por los refuerzos que se enviaron a Portugal; mas antes de fines de año crecieron otra vez a 7000 con gente que llegó de Sicilia y Gibraltar. Las tropas españolas de línea pasaban de 18.000 hombres. Don Joaquín Blake continuó a su cabeza hasta 23 de julio, en cuyo tiempo se transfirió a Murcia, extendiéndose su mando, conforme apuntamos, a las divisiones existentes en aquel reino, las cuales formaban con las de la Isla de León el ejército llamado del centro.

Blake en Murcia.

Llegado que hubo el general Blake a su nuevo destino, restableció paz y armonía, que andaba escasa entre algunos jefes. El ejército se había aumentado a punto que poco antes enviara a Cádiz una división de 4000 hombres al mando del general Vigodet. Blake llegó el 2 de agosto, y la fuerza disponible era de unos 14.000 soldados, 2000 de caballería.

Alrededor de este ejército revoloteaban, por decirlo así, muchos partidarios, en especial del lado de Jaén y de Granada. Entre los primeros sobresalían los nombrados Uribe, Alcalde y Moreno, puestos a las órdenes del comandante Bielsa; entre los otros, el coronel Don José de Villalobos.

Cuando Blake se incorporó al ejército, se hallaba este repartido en Murcia, Elche, Alicante, Cartagena y pueblos de los contornos: algunos batallones estaban destacados en la Mancha, sierra de Segura y frontera de Granada, en donde permanecía la caballería, extendiéndose hasta cerca de Huéscar.

Sebastiani
se dirige
a Murcia.

Fijó la idea de Blake la atención de los franceses, y desde luego resolvió Sebastiani hacer otra excursión la vuelta de Murcia, lisonjeándose que de ella saldría tan airoso como la vez primera, y aun también de que disiparía como humo el ejército de los españoles.

Medidas
que toma Blake.