Informado Blake de los intentos del enemigo, preparose a recibirle. Agrupó sucesivamente en la huerta de Murcia sus tropas, y las colocó de esta manera: la 5.ª división, al mando del brigadier Creagh, ocupó la derecha en Añora; detrás, guarnecía un batallón el monasterio de jerónimos, teniendo apostaderos por la izquierda hasta el río; delante, se plantaron cuatro piezas de artillería. Alojábase la izquierda del ejército en el lugar de Don Juan, y la componía la 3.ª división, del cargo del brigadier Sanz, teniendo un destacamento por su siniestro costado. Enlazábase esta posición con la del centro por medio de un molino aspillerado y de una batería circular, colocada en donde una de las acequias mayores se distribuye en dos atajeas. Dicho centro, que cubría la 1.ª división, al mando del general Elío, estaba cerca de Alcántara, en la Puebla.
Dispúsose además la inundación de la huerta; medio oportuno pero no del todo hacedero, ya por no ser nunca, y menos en aquella estación, muy caudaloso el Segura, ya también porque, aun en caso de una rápida avenida, las obras allí practicadas estanlo en términos que solo sirven para sangrar el río, y no para favorecer estragos, como construidas con el único objeto de dar a los campos el necesario y fecundante beneficio del riego. Sin embargo, se inundaron los caminos y una faja de bancales por la orilla, amparando lo demás de la huerta sus naranjos y sus cidros, sus limoneros y moreras, en fin toda su intrincada y lozana frondosidad.
Siguiose en esto, y en lo de armar al paisanaje, la conducta del obispo Don Luis Belluga en la guerra de sucesión. Ahora, como entonces, acudieron todos los partidos, hasta el de Orihuela, aunque perteneciente a Valencia, y se distribuyeron en compañías y secciones, incorporándose al ejército. Manifestaron los paisanos grande entusiasmo y mucha docilidad; perfecta armonía reinó entre ellos y los soldados. Blake, declarando a Murcia amenazada de inmediato ataque, la sometió al solo y puro gobierno militar; providencia que las autoridades respetaron, y que en aquel lance obedecieron con gusto.
En el intermedio se había ido acercando el general Sebastiani, y echádose atrás nuestra caballería, a las órdenes de Don Manuel Freire, que sustentó con destreza varios reencuentros. Según los enemigos se aproximaban, daban aviso de todos sus pasos al general Blake los alcaldes de los pueblos y muchos particulares con rara puntualidad, llegando a su colmo la diligencia de todos. Los franceses aparecieron el 28 de agosto en Librilla, a 4 leguas de Murcia, y nuestros jinetes se situaron en Espinardo, con puestos avanzados sobre el río Segura. El partidario Villalobos, que había acompañado a Freire, se colocó en Molina.
Se retira
Sebastiani.
Luego que el general Sebastiani llegó a Librilla hizo varios reconocimientos; y arredrado del modo con que los nuestros le aguardaban, se apartó del intento de penetrar en Murcia, y en la noche del 29 al 30 se replegó a Totana. Hostilizáronle en la retirada los paisanos, particularmente los de Lorca, y en esta ciudad y en otros pueblos cometió el francés mil tropelías. Bien le vino a este no insistir en la empresa proyectada, pues a haber padecido descalabro, como era probable, en los laberintos de la huerta de Murcia, toda su gente hubiera sido muy maltratada, ya por los habitantes de este reino, ya por los de Granada, cuyos ánimos se encrespaban acechando la ocasión de escarmentar a sus opresores. Haberse expuesto a tal riesgo y cansado inútilmente la tropa, con marchas y contramarchas de más de cien leguas en estación tan calurosa, fueron los frutos que reportó Sebastiani de una expedición que de antemano había pregonado como fácil.
Insurrecciones
en el reino
de Granada.
Entre los que empezaron en el reino de Granada a levantar cabeza durante la ausencia del general francés, señalose el alcalde de Otívar, de nombre Fernández, quien entró en Almuñecar y Motril, y aun se apoderó de sus castillos. Estas y otras empresas que propagaron la llama de la insurrección por las sierras y por varios pueblos de la costa, a pesar de algunos amigos y parciales que tuvieron allí los enemigos, impulsó a los ingleses a dar cierto apoyo a aquellos movimientos. Decidiéronse, sobre todo, a atacar a Málaga, guarida entonces de corsarios, y en cuyo puerto también fondeaba una flotilla enemiga de lanchas cañoneras. Expedición
contra
Fuengirola
y Málaga. Al efecto se preparó en Ceuta una expedición de 2500 hombres españoles e ingleses, a las órdenes de Lord Blayney, la cual dio la vela el 13 de octubre con dirección a Fuengirola. Empezaron luego los aliados a embestir este castillo, guarnecido por 150 polacos, con esperanza de que así llamarían hacia aquel punto las fuerzas enemigas, y podrían, reembarcándose, caer repentinamente sobre Málaga que se vería desprovista de gente. Pero dándose Lord Blayney torpe maña, en vez de sorprender a sus contrarios, él fue, por decirlo así, el sorprendido, acometiéndole de improviso el general Sebastiani con 5000 hombres. Al querer retirarse, fue dicho Lord cogido prisionero, y las tropas inglesas volvieron en confusión a sus barcos; solo un regimiento español, el Imperial de Toledo, único de los nuestros que allí iba, tornó a bordo sin pérdida y en buena ordenanza.
Avanza Blake
a Granada.
El ruido de semejantes acontecimientos y el deseo de ensanchar los límites de su territorio, estimularon al general Blake a avanzar a la frontera de Granada, habiéndose ocupado todo aquel tiempo, desde agosto, en mejorar la disciplina de su ejército y en adiestrarle, como igualmente en asegurar sus estancias de Murcia. Envió asimismo a la Mancha, con un trozo de 300 caballos, a Don Vicente Osorio, queriendo extraer granos de aquella provincia para la manutención de su ejército. Las partidas, si bien fomentadas por Blake en todas partes, fuéronlo en especial del lado de Jaén, en donde Don Antonio Calvache sucedió a Bielsa en el mando de ellas. Mas los enemigos, persiguiendo de cerca al nuevo jefe, después de haber quemado casi toda la villa de Segura, le mataron el 24 de octubre en Villacarrillo.