Don Joaquín Blake, reuniendo sus tropas, distribuidas por la mayor parte, sin contar las de las plazas, en Murcia, Caravaca y Lorca, se puso el 2 de noviembre sobre Cúllar, movimiento hecho a las calladas y del que los franceses estaban ignorantes. Dejó Blake 2000 hombres en dicho Cúllar, y a las doce de la mañana del 3 se colocó con 7000, de los que unos 1000 eran de caballería, en las lomas que dominan la hoya de Baza, y que lame el río Guadalquitón.

Los enemigos tenían en el llano una división de caballería, que acaudillaba el general Milhaud, asistida de artillería volante: además habían situado de 2 a 3000 infantes en las inmediaciones de la ciudad, bajo la guía del general Rey. No acudió allí Sebastiani hasta después de concluida la acción que ahora iba a trabarse.

Acción de Baza,
3 de noviembre.

Empezó esta a las dos de la tarde, desembocando la caballería española, a las órdenes de Don Manuel Freire, por el camino real que de Cúllar va a Baza. Nuestros jinetes tiraron por la derecha, y formaron en batalla en dos líneas, sosteniendo sus costados artillería y guerrillas de fusileros. Los enemigos ciaron hacia sus peones, y entonces el general Blake, dejando apostados en las lomas la mitad de sus infantes, se adelantó con los otros y 3 piezas en 4 columnas cerradas, repartidas en ambos lados del camino.

Nuestros caballos proseguían confiadamente su marcha; mas al querer efectuar un movimiento, se embarazaron algunos, y el enemigo, descargando sobre ellos con impetuoso arranque, los desordenó lastimosamente. Tras su ruina vino la de los infantes que habían avanzado, y solo consiguieron unos y otros rehacerse al abrigo de las tropas que habían quedado en las lomas. El enemigo no persistió mucho en el alcance. Quedaron en el campo 5 piezas; y se perdieron entre muertos, heridos y prisioneros 1000 hombres. De los franceses muy pocos.

Descalabro fue el de Baza que causó desmayo y contuvo en cierto modo el vuelo de la insurrección de aquellas comarcas. Adverso era, en esto de batallar, el hado de Don Joaquín Blake, y vituperable su empeño en buscar las acciones que fuesen campales antes que limitarse a parciales sorpresas y hostigamientos. No permaneció después largo espacio al frente de aquel ejército, llamado a desempeñar cargo de mayor alteza.

Por lo demás, y en medio de reveses y contratiempos, la tenacidad española, la serie innumerable de combates en tantos puntos y a la vez, fatigaban a los franceses, y su ejército de las Andalucías no gozó en todo el año de 1810 de mucha mayor ventura que la que tenían los de las otras provincias. Y si bien ordenadas batallas no menguaban extremadamente las filas enemigas, aniquilábanse aquí, como en lo demás del reino, en marchas y contramarchas, y en apostaderos y guerra de montaña.

Provincias
de Levante.

Del lado de Levante las provincias de Valencia, Cataluña y aun lo que restaba libre de la de Aragón, hubieran, obrando unidas, entorpecido muy mucho los intentos del enemigo, siendo entre ellas tanto más necesaria buena hermandad cuanto para sojuzgarlas estaban de concierto el tercero y el primer cuerpo francés. Pero la multiplicidad de autoridades, su diversa condición, los obstáculos mismos que nacían de la naturaleza de la actual guerra estorbaban completa concordia y adecuada combinación. Por fortuna, los caudillos enemigos, aunque no menos interesados en aunarse, y aquí más que en otras partes, a duras penas lo conseguían, no ya por las rivalidades personales que a veces se suscitaban, sino principalmente por lo dificultoso de acudir al cumplimiento de un plan convenido.

Valencia.