En Valencia Don José Caro, más bien que en la guerra pensaba en ir adelante con sus desafueros. Dejó que se perdiesen Lérida, Mequinenza y hasta el castillo de Morella, sin dar señales de oponerse al enemigo, ni siquiera de distraerle. Al fin, viendo Caro que se aproximaban los franceses y que la voz pública se acedaba contra tan culpable abandono, mandó a D. Juan Odonojú, prisionero en la batalla de María y ahora libre, que se adelantase con 4000 hombres. El 24 de junio arrojaron estos de Villabona a los enemigos, que se abrigaron a Morella, Choques
en Morella
y Albocácer. delante de cuyo pueblo se trabó el 25 un choque muy vivo retirándose después los nuestros en vista de haberse reforzado los contrarios. Por segunda vez avanzó en julio el mismo Odonojú, y aun llegó el 16 a intimar la rendición al castillo de Morella, pero revolviendo sobre él prontamente el general Montmarie, le obligó a alejarse y causole en Albocácer un descalabro.
Avanza Caro
y se retira.
No había Don José Caro tomado parte personalmente en ninguna de semejantes refriegas, hasta que en agosto, pidiendo su cooperación el general de Cataluña para aliviar a Tortosa, amenazada de sitio, se movió aquel por la costa lentamente y más tarde de lo que conviniera. Llevó consigo 10.000 hombres de línea y otros tantos paisanos, y se situó en Benicarló y San Mateo. El general Suchet vino por Cálig a su encuentro con diez batallones y también con artillería y caballería. Caro no le aguardó, replegándose, después de ligeras escaramuzas, a Alcalá de Chivert, y de allí el 16 de agosto a Castellón de la Plana y Murviedro. No retrocedió en desorden el ejército valenciano, si bien su jefe Don José Caro dio el triste y criminal ejemplo de ser de los primeros y aun de los pocos que desaparecieron del campo. Zahiriole por ello agriamente su hermano Don Juan, hombre ligero pero arrojado, de quien hablamos allá en Cataluña.
Caro huye
de Valencia.
Con la conducta que en esta ocasión mostró el general de Valencia se acreció el odio contra su persona, y lo que aún es peor, menospreciósele en gran manera. Se descubrieron asimismo tramas que urdía y proscripciones que intentaba, propalándose en el público sus proyectos con tintas que entenebrecían el cuadro. Temeroso, por tanto, se escabulló disfrazado de fraile [traje harto extraño para un general], y pasó luego a Mallorca, sin cuya precaución hubiera tal vez sido blanco de las iras del pueblo.
Le sucede
Bassecourt.
Sucediole inmediatamente en el mando Don Luis de Bassecourt, que estaba a la cabeza de una división volante en Cuenca, hombre que si bien alabancioso al dar sus partes y no de grande capacidad, aventajábase en valor y otras prendas a su antecesor, procurando también con mayor ahínco acordar sus operaciones con los generales de los demás distritos, en especial con los de Aragón y Cataluña.
Cataluña.
Su congreso.
En este principado hacíase la guerra con otra eficacia y obstinación que en Valencia, merced al celo de su congreso y a la pronta diligencia y esmero de su general Don Enrique O’Donnell. O’Donnell. Luego que en 17 de julio estuvo reunida aquella corporación, tomó varias resoluciones, algunas bastantemente acertadas. En la milicia acomodó los alistamientos a la índole de los naturales, imponiendo solo la obligación de un enganche de dos años, con facultad de gozar cada seis meses de una licencia de 15 días. Sin embargo, los catalanes, tan dispuestos a pelear como somatenes, repugnaban a tal punto el servicio de tropa reglada que tuvo su congreso que establecer comisiones militares para castigar a los desertores, y aun a los distritos que no aprontasen su contingente. Recaudáronse con mayor regularidad los impuestos y se realizó, a pesar de lo exhausto que ya estaba el país, un empréstito de medio millón de duros. Aplicáronse a los hospitales los productos que antes percibía la curia romana, y ahora los obispos, por dispensas y otras gracias o exenciones. El alma de muchas de estas providencias era el mismo Don Enrique O’Donnell, quien puso además particular conato en adiestrar sus tropas, en inculcar en ellas emulación y buen ánimo, y también en mejorar la instrucción de los oficiales.
Macdonald.