Afanado así el general Suchet y lleno de zozobra ocupábase sobre todo en averiguar las operaciones de Don Joaquín Blake, cuando supo que este se aproximaba. Preparose pues a recibirle, y dejando la caballería en el Burgo, distribuyó los peones entre el monte Torrero y el monasterio de Santa Fe, camino de Madrid, al paso que destacó a Muel al general Fabre con 1200 hombres.

Adelántase Blake
a Zaragoza.

El ejército español proseguía su movimiento, y engrosadas sus filas con nuevas tropas reunidas de varias partes, pasaba su número de 17.000 hombres. De ellos hallábase el 13 avanzada en Botorrita la división de Don Juan Carlos de Aréizaga, estando en Fuendetodos con los demás Don Joaquín Blake. Noticioso este general de que Fabre se había adelantado de Muel a Longares, apresuró su marcha en la misma tarde con intento de coger al francés entre sus tropas y las de Aréizaga. Mas aquel viéndose cortado del lado de Zaragoza, abandonó un convoy de víveres, y se retiró a Plasencia de Jalón. Inútilmente corrió en su ayuda la segunda división francesa, que ni pudo abrir la comunicación ni apoderarse del puesto que en Botorrita ocupaba Aréizaga, teniendo al fin que replegarse sabedora de que venía sobre ella el grueso del ejército español.

Cerciorado de lo mismo el general Suchet y resuelto a combatir, tomó sus disposiciones. La fuerza con que contaba ascendía a unos 12.000 hombres, debiéndose juntar en breve dos regimientos procedentes de Tudela, y Fabre que desde Plasencia caminaba a Zaragoza. La disciplina de sus soldados se había mejorado, mostrándose más serenos y animados que en Alcañiz.

Batalla de María.

En la mañana del 15 el general Blake, luego que llegó a María, distante dos leguas y media de Zaragoza, pasó más allá y cruzó el arroyo que pasa por delante de aquel pueblo. Su ejército estaba distribuido en columnas mandadas por coroneles, y le colocó sobre unas lomas repartido en dos líneas. La primera de estas la mandaba Don Pedro Roca, y en ella se mantuvo desde el principio Don Joaquín Blake. Estaba al frente de la segunda el marqués de Lazán. Situose sobre la derecha, que era la parte más llana, la caballería, capitaneada por el general Odonojú con algunos infantes, apoyándose en el Huerba, cuyas dos orillas ocupaba. La fuerza allí presente no pasaba de 12.000 hombres, continuando destacada en Botorrita la división de Aréizaga compuesta de 5000 combatientes.

Enfrente, y a corta distancia del nuestro, se divisaba el ejército francés, guiado por su general Suchet. Los españoles permanecían quietos en su puesto, y los enemigos no se apresuraron a empeñar la acción hasta las dos de la tarde que les llegó el refuerzo de los regimientos de Tudela. Entonces habiendo dejado de antemano en Torrero al general Laval para tener en respeto a Zaragoza, moviose Suchet por el frente haciendo otro tanto los españoles. Dieron estos muestras de flanquear con su izquierda la derecha de los enemigos, lo cual estorbó el general francés reforzándola, hasta querer por aquella parte romper nuestras filas. Separaba a entrambos ejércitos una quebrada que recibió orden de cruzar el general Musnier, a quien no solo repelieron los españoles, sino que reforzada su izquierda con gente de la derecha le desordenaron y deshicieron. Acudió en su auxilio por mandato de Suchet el intrépido general Harispe, consiguiendo, aunque herido, restablecer entre sus tropas el ánimo y la confianza. En aquella hora sobrevino una horrorosa tronada con lluvia y viento que casi suspendió el combate, impidiendo a ambos ejércitos el distinguirse claramente.

Serenado el tiempo, pensó Suchet que sería más fácil romper la derecha no colocada tan ventajosamente, y en donde se hallaba la caballería, inferior a la suya en número y disciplina. Así fue que con una columna avanzó de aquel lado el general Habert, precediéndole Vattier con dos regimientos de caballería. Ejecutada la operación con celeridad se vieron arrollados los jinetes españoles y rota la derecha, apoderándose los franceses de un puentecillo por el cual se cruzaba el arroyo colocado detrás de nuestra posición. Permaneció no obstante firme en esta Don Joaquín Blake, y ayudado de los generales Lazán y Roca resistió durante largo rato y con denuedo a las impetuosas acometidas que por el frente y oblicuamente hicieron los franceses. Al fin, flaqueando algunos cuerpos españoles, se arrojaron todos abajo de las lomas que ocupaban, en cuyas hondonadas, formándose barrizales con la lluvia de la tormenta, se atascaron muchos cañones, de los que en todo se perdieron hasta unos quince. Fueron cogidos prisioneros el general Odonojú y el coronel Menchaca, siendo bastantes los muertos.

Retírase Blake
a Botorrita.

Retiráronse después los españoles sin particular molestia, uniéndose en Botorrita a la división de Aréizaga, que lastimosamente no tomó parte en la acción. Ignoramos las razones que asistieron a Don Joaquín Blake para tenerla alejada del campo de batalla. Si fue con intento de buscar en ella refugio en caso de derrota, lo mismo le hubiera encontrado teniéndola más cerca y a su vista, con la diferencia de que, empleados oportunamente sus soldados al desconcertarse la derecha, muy otro hubiera sido el éxito de la refriega, bien disputada por nuestra parte, recientes todavía los laureles de Alcañiz, y desasosegados los franceses con la terrible imagen de Zaragoza, que a la espalda aguardaba silenciosa su libertad.