El barón de Eroles, que ya se había distinguido en el sitio de Gerona, se encargó, después de Campoverde, del mando de los distritos del norte de Cataluña, bajo el título de comandante general de las tropas y gente armada del Ampurdán. Empezó luego a hacer grave daño a los enemigos, y al promediar de octubre les apresó un convoy cerca de la Junquera, acometiéndolos el 21, con ventaja, en su campamento de Lladó.
Campoverde
en Cardona.
El propio día, junto a Cardona, hizo asimismo frente el marqués de Campoverde a las tropas del mariscal Macdonald. Vinieron estas de hacia Solsona, cuya catedral habían quemado pocos días antes, y, encontrando resistencia, tornaron a sus anteriores puestos: con la noche también se recogieron los españoles a Cardona.
No eran decisivas, ni a veces de importancia, las más de dichas acciones ni otras refriegas que omitimos; pero con ellas embarazábanse los franceses, y se retardaban sus operaciones, renovándose la escasez de víveres y creciendo la dificultad de su recolección.
Otro convoy
para Barcelona.
Motivo por el que volvió Barcelona a dar a los enemigos fundados temores. Dos meses eran ya corridos después de la entrada en la plaza del último socorro, y los apuros se reproducían en su recinto. Se esperaba el alivio de un convoy que partiera de Francia; mas como no bastaban para custodiarle las fuerzas que regía en el Ampurdán el general D’Hilliers, tuvo Macdonald que ir en noviembre camino de Gerona para conducir salvo dicho convoy hasta la capital del principado.
No adelantan
los enemigos
en el sitio
de Tortosa.
Así el cerco de Tortosa, suspendido en los meses de septiembre y octubre, continuó del mismo modo durante el noviembre. No había aquella interrupción pendido solamente de las razones que estorbaron al mariscal Macdonald cooperar a aquel objeto, según había ofrecido, sino también de los obstáculos que se presentaron al general Suchet, nacidos unos de la naturaleza, otros del hombre. Los primeros parecían vencidos con las lluvias del equinoccio, que empezaron a hinchar el Ebro, y con lo que se adelantaba en el camino de ruedas arriba indicado; no así los segundos, que llevaban traza de crecer en lugar de allanarse.
Convoyes
que van allí
de Mequinenza.
Resueltos, sin embargo, los franceses a proseguir en su intento, habían tratado ya en septiembre de enviar desde Mequinenza convoyes por agua, y de asegurar el tránsito haciendo el 17 pasar de Flix a la otra orilla del Ebro un batallón napolitano. El barón de La Barre, que mandaba una división española en Falset (punto que los nuestros volvieron a ocupar luego que Macdonald en agosto se dirigió a Lérida), Los atacan
los españoles. destacó un trozo de gente, a las órdenes del teniente coronel Villa, contra el mencionado batallón, al cual este jefe sorprendió y cogió entero. Afortunadamente para los franceses, el convoy que debió partir retardó su salida, escaso todavía de agua el río Ebro, sin lo cual hubiera aquel tenido la misma suerte que los napolitanos. No solo en este sino también en otros lances prosiguió el barón de La Barre incomodando al enemigo lo largo de aquella orilla.