Carvajal
en Aragón.
Por la derecha desempeñaron igual faena los aragoneses. Gobernábalos en jefe desde agosto Don José María de Carvajal, a quien la regencia de Cádiz había nombrado con objeto de que obedeciesen a una sola mano las diversas partidas y cuerpos que recorrían aquel reino. Pensamiento loable, pero cuya ejecución se encomendó a hombre de limitada capacidad. Carvajal paró solo mientes en lo accesorio del mando, y descuidó lo más principal. Estableció en Teruel grande aparato de oficinas, con poca previsión almacenes, y dio ostentosas proclamas. En vez de ayudar, embarazaba a los jefes subalternos, y mostrábase quisquilloso con sus puntas de celos.
Villacampa
infatigable
en guerrear.
Importunaba más que a los otros a Don Pedro Villacampa, como quien descollaba sobre todos. Este caudillo, sin embargo, continuando infatigable la guerra, cogió el 6 de septiembre, en Andorra, Andorra. un destacamento enemigo, y al siguiente día, en Las Cuevas de Cañart, Las Cuevas. un convoy con 136 soldados y 3 oficiales. El coronel Plicque, que lo mandaba, logró escaparse, achacándose a Carvajal la culpa por haber retenido lejos, so pretexto de revista, parte de las tropas. Desazonado Suchet con tales pérdidas, envió de Mora para ahuyentar a Villacampa alguna fuerza a las órdenes del general Habert, que, reunido a los coroneles Plicque y Kliski, que estaban hacia Alcañiz, obligó al español a enmarañarse en las sierras.
Mas pasado un mes, volviendo Villacampa a avanzar, resolvió de nuevo Suchet que le atacasen sus tropas, y destacó a Chlopicki del bloqueo de Tortosa, con 7 batallones y 400 caballos. Villacampa retrocedió, y Carvajal evacuó a Teruel, donde entraron los franceses el 30. Siguieron estos de cerca a los españoles, Alventosa. y en la mañana siguiente alcanzaron su retaguardia más allá de la quebrada de Alventosa, y cogieron 6 piezas, varios caballos y carros de municiones.
Combate
de la Fuensanta.
Chlopicki creyó con esto haber dispersado del todo a los españoles; pero luego se desengañó, quedando en pie la mayor parte de la fuerza del general Villacampa. Por lo mismo trató de aniquilarla, y se encontró con ella apostada, el 12 de noviembre, en las alturas inmediatas al santuario de la Fuensanta, espaldas de Villel. Don Pedro Villacampa tenía unos 3000 hombres, manteniéndose Carvajal con alguna gente en Cuervo, a una legua del campo de batalla. La posición española era fuerte, aunque algo prolongada, y la defendieron los nuestros dos horas porfiadamente, hasta que la izquierda fue envuelta y atropellada. Perecieron de los españoles unos 200 hombres, ahogándose bastantes en el Guadalaviar al cruzar el puente de Libros, que con el peso se hundió.
Chlopicki tornó después al sitio de Tortosa, y dejó a Kliski con 1200 hombres para defender por aquella parte contra Villacampa la orilla derecha del Ebro.
Nuevos convoyes
para Tortosa.
Entre tanto, sosteniéndose altas con mayor constancia las aguas de este río, apresuráronse los enemigos a transportar lo que exigía el entero complemento del asedio de aquella plaza. Mas no lo ejecutaron sin tropiezos y contratiempos. Combates
parciales. El 3 de noviembre, diecisiete barcas partieron de Mequinenza, escoltadas con tropa francesa que las seguían por las márgenes del Ebro; la rapidez de la corriente hizo que aquellas tomasen la delantera. Aprovechose de tal acaso el teniente coronel Villa, puesto en emboscada entre Fayón y Ribarroja, y atacando el convoy cogió varias barcas, salvándose las otras al abrigo de refuerzos que acudieron. No les faltaron tampoco, antes de llegar a su destino, nuevas refriegas. Lo mismo sucedió el 27 de noviembre a otro convoy, con la diferencia de que en este caso las barcas se habían retrasado, anticipándose las escoltas, y catalanes en acecho acometieron aquellas, las hicieron varar, y cogieron 70 hombres de la guarnición de Mequinenza que habían salido a socorrerlas.